Por: Armando Montenegro

El cisma y los partidos

AUNQUE EL PRESIDENTE DE LA U dijo que su partido seguiría apoyando a Santos y, al mismo tiempo, continuaría defendiendo la obra de Uribe, para muchos es claro que esas dos tareas son crecientemente incompatibles.

Predicen que con el tiempo la brecha entre los dos jefes se abrirá aún más. Si esto sucede, los miembros de la bancada y los distintos dirigentes de esa colectividad tendrán que tomar partido. En ese momento, el presidente Santos, dueño de la burocracia, tendría todas las de ganar. Uribe recibiría la misma medicina que les aplicó al Partido Liberal y a otros grupos.

Un partido pragmático, que no se dejaría involucrar en los conflictos creados por las diferencias entre Uribe y Santos, sería el Conservador. La mayoría de los dirigentes de este grupo político, que, según los entendidos, podría denominarse el Partido del Gobierno, se ha especializado en apoyar al mandatario de turno, sin mayores problemas ideológicos. Dicen, por eso, que con singular entusiasmo un día defendió la paz negociada y el despeje del Caguán y al otro, la guerra a muerte contra la guerrilla y el despeje de Ralito; un día enterró la ley de víctimas y al siguiente, sin problema, la votó con fervor. Los analistas piensan que el Partido del Gobierno, una parte de cuyos líderes está siendo investigada por corrupción, no tendrá bríos para emprender arriesgadas empresas políticas que le pudieran llevar a perder el oxígeno de su existencia: los puestos. Concluyen que este partido, muy seguramente se alinearía con Santos y, en silencio, tomaría distancia de Uribe.

Si se amplía la distancia entre el presidente y el expresidente, el Partido Liberal —purificado por varios años de oposición; libre de los convictos del proceso 8.000 y de todos aquellos que se fueron al uribismo y terminaron condenados o están siendo investigados por la parapolítica— sería un ganador neto. Seguirá siendo uno de los puntales del Gobierno y se convertiría en uno de los principales canales de comunicación entre la política progresista de la administración Santos y los segmentos modernos del electorado que apoyan una política de centro izquierda. Sin duda, podría aglutinar a las antiguas fuerzas liberales, hoy desperdigadas en varios proyectos electorales.

Cambio Radical, bajo el liderazgo del ministro estrella del gobierno Santos, aunque golpeado por las deserciones inducidas por Uribe, al igual que el Partido liberal, sólo puede fortalecerse a raíz del posible cisma del antiguo uribismo.

El Polo, ensimismado y traumatizado, no se enteraría de los previsibles conflictos entre los integrantes de la coalición que apoyó el pasado gobierno. Después de las pugnas que terminaron con la salida de Lucho y Petro, controlado por un grupo reducido, en el cual sobresale el anapismo, el Polo se enfrenta ahora al escándalo de la corrupción en Bogotá. Y casi todas sus opciones son perdedoras. Si ignora ese asunto, como hasta ahora, o si lo encara y expulsa a los culpables, sufrirá la desbandada de muchos de sus cuadros y recibirá el merecido castigo electoral. Al final, cuando supere sus problemas, es posible que se encuentre con un país político diferente al que existía antes de sus sacudimientos internos.

Por último, en cuanto al Partido Verde, es posible que siga callado, sin reclamar que muchas de sus propuestas electorales se están llevando a cabo.

 

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