Por: Marcos Peckel

El colapso de los estados

Se ha vuelto costumbre en los últimos tiempos categorizar a los estados en un ranquin que va de “fuertes” a “colapsados”.

El Estado nación como modelo de organización social surge en Europa tras una larga evolución en la que proliferaron las guerras y los conflictos y, mal que bien, los estados europeos reflejan, con algunas excepciones, una común herencia lingüística e histórica. Por el contrario, en los demás continentes este modelo, impuesto por el proceso de colonización, creó estados sin nación. Desde la Primera Guerra Mundial el Estado nación se fue constituyendo en la unidad atómica del sistema internacional.

Las funciones primordiales del Estado como “institución de instituciones” dentro de unas fronteras reconocidas es proveer seguridad a los ciudadanos, responder a sus necesidades básicas, mantener una convivencia social dentro de unos parámetros aceptados, léase justicia, enfrentar amenazas extranjeras, construir infraestructura física, social y financiera y promover los valores de la nacionalidad.

Los estados, por su capacidad de cumplir con las funciones anteriores, pueden categorizarse como fuertes, débiles, fallidos y colapsados (Robert Rotberg), independientemente de si el modelo político es democracia liberal, dictadura o un híbrido.

Un Estado colapsado es el que no tiene gobierno central o ha perdido el control de amplias porciones del territorio a expensas de grupos armados internos o externos. Afganistán, Siria, Libia, Somalia, Sierra Leona, Yemen, Congo y la República Centroafricana han colapsado espectacularmente. Sólo Sierra Leona ha logrado resurgir de las cenizas.

En América ha sido Haití el país que históricamente más se acerca a la categoría de colapsado, sin embargo, la homogeneidad étnica y lingüística y la cooperación internacional en seguridad ciudadana han impedido el colapso total del Estado haitiano. Similar situación se ha presentado en nuestro país. Con los ojos del continente puestos en Venezuela, donde se presentan todos los síntomas de erosión acelerada, es aún prematuro hablar de un colapso, estando quizás las fuerzas armadas listas para “salvar la nación”. En ocasiones se requiere del colapso de un gobierno para salvar al Estado de un destino similar.

El colapso de estados tiene graves consecuencias para el orden internacional: el terrorismo global, el desplazamiento, el crimen organizado y la desestabilización de estados vecinos. Salvar estados es uno de los desafíos del sistema internacional.

 

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