Por: Manuel Drezner

El Colegio del Cuerpo en París y más

Uno de los conjuntos colombianos de mayor prestigio internacional es el Colegio del Cuerpo, grupo de danza que dirige Álvaro Restrepo, con la colaboración de Marie France Delieuvin. Se trata de un grupo muy creativo, con creaciones originales, muchas de las cuales hemos visto en Bogotá. El conjunto se ha proyectado internacionalmente y ahora anuncia presentaciones en París, donde dará a conocer cuatro obras, en dos funciones consecutivas. Que una iniciativa cultural colombiana pueda codearse internacionalmente en esos grandes centros muestra que dentro de los movimientos de arte locales hay mucho de gran valor. Restrepo, que es uno de los más destacados creadores nacionales, demuestra con esa breve temporada en París cómo es aceptado en Europa.

Otra interesante noticia de la cultura se refiere a la presentación que se hará en agosto, en el Teatro Santo Domingo, de la ópera El barbero de Sevilla, de Rossini, en la cual participará nuestro excelente cantante Valeriano Lanchas, quien ya ha cantado el papel de Bartolo nada menos que en el Metropolitan de Nueva York. Esto reemplaza el cancelado intento de hacer Wozzeck, de Alban Berg, que tuvo que ser cancelado por diversas circunstancias, aunque se nos promete que de todas maneras se hará en temporadas futuras.

Orson Welles luchó por casi cuarenta años por acabar una película llamada El otro año del viento, que tuvo toda clase de problemas de financiación y legales y durmió el sueño de los justos en una bóveda bancaria todo ese tiempo. Hace un par de años por fin todos los problemas se resolvieron, pues treinta años después de la muerte de Welles su discípulo Peter Bogdanovich hizo el montaje y la cinta se estrenó en alguno de los festivales europeos. Es un filme muy experimental, pero quienes lo hemos visto estamos de acuerdo con que mucho parece quedar en el aire. Posiblemente esto se corrija pronto, ya que se han descubierto varios rollos adicionales que no se conocían y que serán incorporados a lo hecho por Bogdanovich para que por fin se pueda conocer el pensamiento final del genial hombre de cine.

Finalmente, por hoy, una interesante anécdota que muestra que los celulares en los teatros no son siempre la plaga que se cree. Durante un concierto en Bloomington, dirigido por Alejandro Guillén, la energía se fue y el teatro quedó a oscuras. El director ordenó a los músicos que se iluminaran con sus teléfonos celulares y el concierto pudo continuar sin problemas. En últimas, dijo el director, en tiempos de Mozart tocaban a la luz de las velas.

863116

2019-05-28T21:00:00-05:00

column

2019-05-28T21:00:01-05:00

[email protected]

none

El Colegio del Cuerpo en París y más

39

2649

2688

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Manuel Drezner

Buenos vientos operáticos

Los muros de la discordia

En busca de estímulos para los artistas

¿Cuál es la labor de los museos?

El arranque de la economía naranja