Por: Salomón Kalmanovitz

El comercio con Venezuela

EL AUGE PETROLERO DE VENEZUELA, amplificado por una política fiscal expansionista, ha propiciado un crecimiento importante de la demanda, que también ha producido niveles de inflación anuales superiores al 25%.

La política hostil contra los empresarios, las nacionalizaciones caprichosas y el control de precios han afectado negativamente la oferta de bienes de consumo, en especial de alimentos. Para rematar, la tasa de cambio fija, motivo de orgullo del régimen, ha propiciado una monumental revaluación del bolívar que saca de  competencia la manufactura venezolana.

Son éstas las circunstancias que han profundizado una división del trabajo entre los dos países que existía previamente, pero que se ha tornado en avalancha a favor de la producción colombiana y elevado las exportaciones tres veces, a un monto de US$6.000 millones el año pasado. La existencia de una buena infraestructura de transporte entre los dos países y una larga frontera desprovista de mojones, porosa de por sí, ha facilitado el desarrollo del comercio de carne vacuna, leche, carne de pollo, huevos y manufacturas del cuero, textiles y confecciones. Colombia adquiere entre tanto productos petroquímicos y los pimpineros capturan el arbitraje entre una gasolina que vale menos que el agua embotellada en Venezuela y el precio que en la frontera es subsidiado por el Gobierno colombiano, pero que mantiene una diferencia todavía enorme.

Las consecuencias de este auge fronterizo se sienten en Bucaramanga y Cúcuta, que tienen las tasas de desempleo más bajas del país y alcanzan a tocar a Barranquilla, que vive un buen momento económico.

Pues bien, tanta buena ventura está seriamente amenazada por la pugna entre dos modelos económicos opuestos, el socialismo del siglo XXI, imaginado febrilmente por el presidente Chávez, contra el acérrimo libertinaje de mercado representado por el presidente Uribe. En relaciones internacionales uno clama por una segunda independencia de  los Estados Unidos, mientras el otro busca un apoyo más radical de los norteamericanos en su lucha contra la insurgencia marxista y el narcotráfico que la alimenta y que recibe cierto apoyo de los venezolanos, algo de esperar por sus inclinaciones ideológicas.

¿Pero sí es tan importante el apoyo de Chávez a las Farc? ¿No sería mejor contener los impulsos agresivos del Gobierno colombiano, tan dado a polarizar todas las situaciones, para lograr que se consolide una división del trabajo regional que tanto ha beneficiado al lado colombiano? Los venezolanos mismos están obteniendo también un beneficio importante de la relación porque reciben bienes con los más bajos costos de transporte posibles y les compensa la penuria generada por la otras políticas del gobierno de Chávez.

Aunque no es fácil destruir lo que beneficia a tantas gentes en ambos lados de la frontera, las políticas guerreristas pueden tener efectos importantes sobre el intercambio entre los dos países. En Colombia ya se ha sentido el impacto del cierre de las importaciones del sector automotor de febrero de 2008, cuando se inició la recesión industrial en el país. La presidenta de la Cámara de Comercio Colombo-Venezolana, Magdalena Pardo, estima que el bajón exportador podría ser del 18% al cierre de 2009. Entre enero y mayo las ventas al vecino país sumaron US$2.247 millones. El impacto es mayor en las industrias de Bogotá, Medellín y Cali, que deberán afrontar no sólo el descenso generado por el bajonazo del precio del petróleo y la inflación, sino nuevas medidas administrativas que buscan debilitar la posición del gobierno de Uribe.

El ministro de Desarrollo, Luis Guillermo Plata, declaró que la situación era preocupante, pero no se trata tampoco de una “debacle”; que eventualmente Colombia conseguiría nuevos mercados, que es creer en lo que a uno le conviene. Lo cierto es que el enfrentamiento tiene costos muy altos para Colombia y que el Gobierno debe hacerse plenamente responsable de los efectos nocivos que tienen sus políticas.

* Decano de economía de  la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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