Por: Patricia Lara Salive

El comienzo del fin

Ante el fracaso de la lucha contra la droga, esta semana, por fin, se inició en el mundo una exploración en serio de un nuevo camino para enfrentar el problema: después de que ha habido sobre el tema tantas declaraciones académicas y algunas gaseosas propuestas oficiales que no comprometen a nadie, el martes pasado, por primera vez, tres gobiernos, los de México, Colombia y Guatemala, presentaron ante Naciones Unidas una petición formal para que se busquen salidas distintas.

La declaración, suscrita por los tres países, afirma que “a pesar de los esfuerzos emprendidos por la comunidad internacional”, el consumo de drogas “sigue incrementándose a nivel global, lo que genera cuantiosos ingresos para las organizaciones ilegales” y les permite “penetrar y corromper las instituciones de los estados”. Además, afirma, es esencial evitar con eficacia “los flujos ilegales de armas a las organizaciones ilegales”. Ello, en plata blanca, significa que no sólo los países productores, sino también las potencias, que son los principales fabricantes de armamento, son culpables del problema y tienen que coadyuvar a destruir la diabólica cadena.

El documento añade que Naciones Unidas debe “conducir una profunda reflexión que analice las opciones disponibles, incluyendo medidas regulatorias o de mercado”. Y afirma que, por todo lo anterior, los gobiernos de México, Colombia y Guatemala invitan a esa organización a que emprenda a la mayor brevedad “un proceso de consultas que permita hacer un balance de los alcances y limitaciones de la política vigente, así como de la violencia que generan la producción, el tráfico y el consumo de drogas en el mundo”.

Los tres países piden, finalmente, que ese proceso culmine en “una conferencia internacional que permita tomar las decisiones necesarias a fin de dar mayor eficacia a las estrategias y los instrumentos con que la comunidad global hace frente al reto de las drogas y sus consecuencias”.

Esa declaración fue precedida por el discurso del presidente Juan Manuel Santos ante la Asamblea General, en el cual manifestó que en la Cumbre de las Américas se le dio un mandato a la OEA para que inicie el análisis y la discusión sobre la efectividad de la guerra contra las drogas “y sobre las posibles alternativas a ella”, y para que invite a otras entidades —la principal, Naciones Unidas— a que hagan lo mismo.

Santos agregó que, aunque ese es sólo un primer paso, equivale a dar uno muy importante, pues “es el comienzo de una discusión que el mundo ha evadido por muchos años”.

¡Claro que aún no se puede cantar victoria! Pero al tratarse ésta de una petición oficial de tres gobiernos, y al lograr que se realice una conferencia internacional que busque un nuevo enfoque sobre el tema, se estaría ambientando a nivel mundial que pueda darse pronto el único paso inteligente para superar ese calvario de violencia y corrupción: legalizar la droga (como se hizo con el alcohol), al tiempo que se implementa de manera oficial, sistemática, masiva y científica la prevención adecuada del consumo desde las escuelas y las familias, y se controla médicamente a los drogadictos con el fin de que logren abandonar su infierno.

¡Felicitaciones, presidente Santos, por el franco e inteligente manejo que le dio a su enfermedad! ¡Deseamos que termine de recuperarse muy pronto!

 

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