Por: Cartas de los lectores

El compromiso del Reino Unido con la economía climática

El secretario británico para Asuntos Exteriores, William Hague, ha descrito el cambio climático como "posiblemente el reto más grande en la política exterior del siglo XXI".

Dice que “un mundo que está fallando en su respuesta al cambio climático es uno en el que los valores plasmados en las Naciones Unidas no serán alcanzados”. De hecho, en la Carta de Naciones Unidas es claro el propósito central de esa organización de “lograr la cooperación internacional para resolver los problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario”.

El cambio climático es uno de esos problemas. Sus impactos y costos recaen de manera desproporcionada e injusta en los países en desarrollo. Durante la 16ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en Cancún, se reafirmó el compromiso de los países desarrollados adquirido en Copenhague 2009, para movilizar conjuntamente por año, hasta 2020, US$100bn de financiamiento para el cambio climático, con el fin de enfrentar las necesidades de adaptación de los países en desarrollo y ayudarlos a limitar sus emisiones de carbono.

El gobierno británico está seriamente comprometido, ha destinado £2,9bn del Fondo de Asistencia al Desarrollo en el Exterior (ODA) al financiamiento internacional para el cambio climático del período 2011/12 al 2014/15. Este dinero será administrado a través del Fondo Climático Internacional (ICF). Esperamos invertir alrededor del 50% en la adaptación de países vulnerables, 30% para el trabajo en la reducción de las emisiones de carbono y un 20% para reforestación.

Tenemos tres grandes prioridades para la financiación del ICF, que ejecutaremos a través de canales bilaterales y multilaterales de tal forma que se maximice su impacto y haya una buena relación costo-beneficio. Primero, demostrar que lograr un crecimiento bajo en carbono es tanto posible como deseable; segundo, apoyar la adaptación en países pobres, construyendo un marco internacional efectivo sobre cambio climático, y tercero, generar innovación, creando alianzas con el sector privado para apoyar estas estrategias.

Un camino importante para los fondos del ICF es la Red de Desarrollo y Conocimiento del Clima, que recibirá £50m del Reino Unido durante los próximos cinco años.

Los fondos del Reino Unido tendrán un papel importante para movilizar una acción mundial sobre cambio climático. Hasta el momento, el Reino Unido es el mayor donante que ha hecho compromisos financieros específicos hasta 2015. Esperamos que otras naciones se sumen a estos proyectos y que los empresarios jueguen un rol importante, ya que buscamos alcanzar la meta a través de una fusión de fondos públicos y privados. Como lo aclaró el Informe Stern en 2006, el reloj está corriendo. Con cada año que pasa, aumenta el costo global de una acción efectiva para enfrentar el cambio climático.

El tiempo de actuar es ahora.

John Dew, embajador británico, Bogotá.

Capilla en el Congreso: un gran atropello

Por una nota aparecida en el diario impreso de esta semana, relacionada con algunas discrepancias entre el presidente del Congreso, Armando Benedetti, y el prelado Salazar por la designación del “capellán” del Congreso, pareciera que lo que se tratara es un tema de poca monta, que sólo merece un apunte al margen. Pero para mi percepción es demasiado grave, no las divergencias de estas dos figuras del espectro político nacional, sino el tema mismo de la discusión y las conclusiones a las que llega el prelado al final de la nota.

 Si Colombia se proclama como un Estado laico, ¿con qué derecho estamos todos los colombianos pagando “un capellán” en el Congreso, que es el sitio donde se debaten las ideas, se cocinan las leyes y sus reformas, lugar que debería dar ejemplo y respetar la constitución de que Colombia no es un estado confesional? ¿Qué sentirán los congresistas que no pertenecen a la religión católica? ¿También a ellos les tenemos y les financiamos sus propios pastores, popes, ayatolas, etcétera? ¿Nadie se ha dado cuenta de este atropello dentro del Congreso?

Si en el octenio uribesco Colombia se arrodilló ante los curas católicos, en la era Santos estamos pasados. Porque el actual presidente tuvo la desfachatez de nombrar a un sacerdote católico para dirigir el Sena. Un organismo estatal dirigido por una secta religiosa, ¿qué hubieran dicho los prelados si se hubiera nombrado a un pastor anglicano en esa posición, donde se imparte educación a la franja más pobre de nuestra población? ¿No tienen suficiente los sacerdotes católicos con los púlpitos, emisoras de radio y televisión, colegios, periódicos que reproducen sus vociferantes gritos contra la propia Constitución como el derecho al aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, el uso del condón y tantas otras cuestiones donde polemizan y sientan cátedra creyéndose o haciendo creer que son omnisapientes?

Entonces, si Colombia es un país laico, lo que tienen que hacer de inmediato es cerrar el puestico de “capellán” del Congreso y por ahí derecho de todas las entidades públicas que están llenas de capillas y curas al acecho.

Gloria Upegui, Bogotá.

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