Por: Álvaro Camacho Guizado

El comunicado de las Farc

El comunicado de las Farc, en el que anuncian la liberación de Clara Rojas, Emmanuel y Consuelo González de Perdomo, produce sensaciones de profunda ambigüedad.

En efecto, debemos alegrarnos de que liberen a tres secuestrados, pero no puede admitirse que se trate de un gesto por el cual las Farc aceptan el llamado de Chávez, Piedad Córdoba y los familiares de los secuestrados a que liberen a esas tres personas. Que se sepa, el llamado es a que cese la tragedia de todos los secuestrados, y no de unos pocos seleccionados mediante quién sabe qué criterios

El lenguaje utilizado en el documento también produce sensaciones ambivalentes: hay momentos en que uno no sabe si está leyendo a las Farc o a Uribe: el parecido consiste en que ambos recurren a una práctica sistemática de desconceptuar y de negar la identidad del otro: no hay términos medios, ni el menor reconocimiento de que cada uno puede tener argumentos que en algún sentido pueden tener alguna validez. No, se trata de que todo lo del otro es torcido, malo, perverso, traicionero.

Es un recurso retórico y metodológico propio de la guerra: mientras más se envenene a los lectores con las diatribas insultantes, más ganancias para la causa bélica. Se presume que el público que sigue el combate desde los márgenes de lo bélico adherirá al lenguaje y eso hará la guerra más legítima.

Pero lo malo del asunto es que lo que es útil para la guerra es nocivo para la política: si algún día, por cualesquiera razones, se llegara a reconocer la necesidad de un diálogo conducente a un cese de la guerra, ¿cómo deshacer el discurso belicista y desacreditador?, ¿cómo transformar al monstruo en un interlocutor?

Pero volvamos al documento de las Farc. Hay, de nuevo, frases que estremecen, como aquélla que habla de “los esperanzados familiares de los prisioneros de guerra de las dos partes”. Produce horror leer que Íngrid Betancourt y Luis Eladio Pérez son prisioneros de guerra. Y hablar de “esperanzados familiares” no deja de ser una macabra ironía.

Pero esto se parece a la posición de Uribe, quien al tiempo que lanza improperios e insultos a las Farc, acepta que se trata de un canje, un intercambio de personas cuya libertad es negada, en un juego en el que cada jugador pretende sacar mayores ganancias que el otro. Es decir, juega en el mismo terreno de las Farc, y éstas aceptan el reto de Uribe, y así construyen un escenario de juego en el que el verdadero premio es el triunfo, no la libertad de los secuestrados o prisioneros o la felicidad de los “esperanzados familiares”.

Las Farc ciertamente deliran a ratos. ¿Qué tal la referencia a la imposibilidad de aceptar una eventual zona de encuentro en “inhóspitos, remotos y clandestinos lugares”? ¿Serán peores que las maniguas donde tienen a los secuestrados?

En esto sí gana Uribe: los presos de las Farc tienen visitas conyugales y las alimañas de las cárceles son distintas de las de la selva.

Otra perla más: ¿qué pensar de la siguiente frase: “La indignante anulación de la gestión facilitadora fue un acto de barbarie diplomática contra el legítimo jefe de un estado hermano y contra el pueblo venezolano”? Resulta que a las Farc les afecta la “barbarie diplomática”, y que consideran que Chávez es “el pueblo venezolano”. Pues bien, es cierto que Uribe manejó muy mal el asunto con Chávez y Piedad, pero si de barbaries diplomáticas vamos a hablar, las Farc no pueden lanzar la primera piedra. Y eso de considerar que Chávez es el pueblo venezolano se parece en gran medida a la megalomanía de Uribe cuando se indigna de que lo traten mal porque se está ofendiendo la “dignidad de la patria”. Seamos claros: ni Chávez es el pueblo venezolano ni Uribe es la patria.

Y para finalizar: resulta que ahora el consejero presidencial Gaviria dejó de ser victimario y se convirtió en víctima. Lo que hay que ver.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Álvaro Camacho Guizado

Las masacres y la política

La avalancha del TLC

Los estudiantes y la protesta

Rito Alejo y Garzón

Alfredo Correa de Andreis: in memoriam