Por: Columnista invitado
Por: Antonio Miscenà

El concierto inaugural en palabras

El concierto de ayer, como es tradición del Festival, puede ser definido como el manifiesto de la duodécima edición y anticipa sus contenidos más destacados.

Las tres obras del programa, una de Haydn, una de Mozart y una de Beethoven, ampliamente conocidas entre el gran público apasionado por la música culta, constituyen pilares fundamentales de la historia de la música occidental y presentan algunas características típicas del estilo clásico: definición clara de la “personalidad” de los temas musicales, equilibrio del andamiaje tonal, gestión coherente de la alternancia entre tensión y distensión, desarrollo evidente de la dramaturgia temática y claridad de la estructura formal. El primer movimiento de cada obra está escrito en forma sonata y los temas que conforman el material constructivo son inmediatos, de fácil percepción y de gran impacto expresivo.

La Sinfonía concertante Hob. I: 105 (escrita en 1792), obra del período londinense de Haydn, aunque evoque en el título un género desarrollado en el período barroco (concertante), es la expresión madura de una concepción profundamente clásica. En el allegro inicial, por ejemplo, las intervenciones brillantes y el virtuosismo de los solistas no interrumpen la continuidad de la construcción formal, pero sí la complementan armoniosamente, reforzando su integridad y coherencia.

La Sinfonía Nº 40 en sol menor, K550, compuesta por Mozart en 1788, es un espléndido ejemplo del clasicismo vienés. Está escrita en cuatro movimientos, el primero de ellos (molto allegro) en forma sonata. La fuerte identidad de los dos temas, sobre la cual está construido el primer movimiento, se destaca por su sencillez, belleza e inmediatez. Sobre el contraste dialéctico entre los dos temas, Mozart construye el espléndido edificio que caracteriza su forma sonata.

El Concierto para piano y orquesta Nº 3 en do menor, de Beethoven, escrito entre 1800 y 1803, formalmente según los cánones ortodoxos del estilo clásico, presenta profundas novedades en el uso de la técnica pianística y orquestal. Se encuentra articulado en tres movimientos (allegro con brio, largo y rondò), el primero de los cuales es en forma sonata. El allegro con brio comienza con la presentación inmediata y perentoria del primer tema. A continuación, el segundo tema tiene una tendencia cantabile, que contrasta con el primero. El uso del piano y de la orquesta que Beethoven hace en el Concierto Nº 3 tiene características completamente inéditas para el período. Si bien esta obra presenta una estructura profundamente ligada a una concepción clásica, a su vez contiene características que ya presagian la afirmación de nuevos conceptos musicales, de una nueva sensibilidad.

La interpretación de la Orquesta de Cámara de Múnich y del pianista Rudolf Buchbinder en el concierto inaugural de ayer fue un tributo rendido, de la mejor manera posible, a la música de los tres grandes autores clásicos.

 

 

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