Por: Antieditorial

El Congreso de la paz

El 20 de julio se instaló el Congreso para la legislatura 2014–2018, con expectativas políticas y sociales que llenan de esperanzas a los colombianos, porque es el Congreso de la paz. No hubo acercamientos entre quienes gobernaron juntos, el presidente y el expresidente, hoy distantes hasta en el saludo protocolario.

El expresidente Álvaro Uribe Vélez continúa con el talante oposicionista, dirigiendo su bancada del Centro Democrático (CD) con la fuerza del caudillo, cuyas órdenes serán cumplidas estrictamente. Unos 20 senadores, de 102, y 19 representantes, entre 166, es el número de colegiados que secundarán su accionar parlamentario y como jefe único del partido. La mayoría de sus miembros estarán por primera vez en este complejo laboral. En la instalación del Congreso de la paz, el CD anunció un portafolio de 10 iniciativas propias y un bloque compacto para hacer oposición férrea, donde será preponderante el control político.

Los colombinos esperamos debates serios, profundos y congruentes, con la experiencia e inteligencia de la mayoría de los congresistas elegidos. El gobierno de Santos estará respaldado por la Unidad Nacional, la cual hace mayorías en el Senado y Cámara. El senador Iván Cepeda presentará una proposición en contra del senador Uribe Vélez, por presunto paramilitarismo y relaciones con personas dedicadas al narcotráfico. De sumo interés público para aclarar las versiones extensas que sobre Álvaro Uribe se denuncian en estrados judiciales, políticos y sociales.

Deberá haber debates sobre la paraeconomía, porque la paz necesita la verdad absoluta para reparación de víctimas y terminar con el odio de esta cruel y larga guerra fratricida. En su popular discurso el presidente destacó la importancia de las labores que el Congreso de la paz tendrá por cumplir. Deberá reglamentar el marco para la paz: primero, ley estatutaria que dé un tratamiento diferenciado a los guerrilleros. Segundo, ley que beneficie a los agentes del Estado, participantes de la guerra. Tercero, norma de justicia transicional que permita la investigación y sanción de participantes en el conflicto. Cuarto, ley que reglamente la creación de la Comisión de la Verdad y una estatutaria que permita seleccionar los responsables de delitos de lesa humanidad.

Los derechos de las víctimas serán tarea del Congreso y éstas participarán en La Habana. Igualmente, reformas como la de la justicia, pilar de la sociedad, sostén de las instituciones y permanencia de la gobernabilidad. Reformar la educación para lograr una cultura científica, gratuita y un ser humano digno con espíritu solidario. Reforma a la salud como derecho fundamental que elimine el desdén por la vida. Reforma política que termine con las reelecciones. Ley ambiental, ley de desarrollo social, de baldíos, ley de seguridad jurídica para el campesino y lucha frontal contra la corrupción son, entre otros, los grandes objetivos del presidente de la paz, el Congreso de la paz y las generaciones de la guerra que avalaremos el proceso en consenso, originando la primera generación de la paz.

Este Congreso reivindicará su pasado, sacando adelante los proyectos que beneficien al país para terminar de una vez la destructiva polarización. Señor presidente, es la oportunidad para desarrollar una política económica de ventas, por subasta y directamente, de los bienes que están en la Dirección Nacional de Estupefacientes. Este producto, más las ayudas internacionales, un porcentaje del presupuesto colombiano y el impuesto a los grandes capitales harán un total para superar el posconflicto.

Ya hicimos historia unificada con la camiseta amarilla, ahora la haremos con la camiseta blanca de la paz para el desarrollo y la grandeza de los colombianos.
 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Antieditorial

Para escalar un conflicto se necesitan dos

Inmediatez

No normalicemos recibir plata en Colombia

Todo para analizar en la elección brasileña

¡Juepucha, juepucha! ¡La lucha sin capucha!