Por: Luis Carvajal Basto

El Congreso: entre la voluntad popular y las marullas

Cabe esperar que este Congreso, en un acto de grandeza e independencia, atienda la solicitud de millones de colombianos por el referendo. Se trata de aprobar una convocatoria para decidir, como se hace en Democracia, y no de “decretar” la reelección del Presidente o de negarla con leguleyadas. El fuero de los congresistas existe.

Lo completamente anormal, en Colombia o en cualquier parte, sería que pudieran más las triquiñuelas y marrullas de aquellos que se oponen o los errores de quienes administraron la recolección de firmas, que la voluntad de los cinco millones de Ciudadanos que firmaron el referendo.

¿Cómo se podría esto justificar en el futuro? Lo del error de redacción es una trampa en que incurrieron los convocantes qué, de hecho, no son  voceros autorizados de quienes firmaron. Estos lo hicieron por la reelección de Uribe en 2010 y punto. Eso lo sabemos todos en Colombia.

¿Se puede adjudicar la conducta de quienes administraron los recursos de la recolección de firmas a quienes firmaron? Pues tampoco. Si cometieron acciones dolosas que afronten sus consecuencias, pero no por ello se pueden desconocer los derechos políticos y legales de los solicitantes.

La semana que comienza, la comisión de conciliadores y el Congreso tienen una cita con la opinión y con la Historia. Lo menos que podríamos pedir es que la  afrontaran libres de  presiones, sin la espada de la Justicia rondando sus cabezas, como resultado de una treta jurídica de algún congresista que representa un partido en minoría. No va a ser así, luego del llamado de la corte, para versión libre a los representantes, lo cual no significa apertura de investigación.

Sin embargo, la existencia de esa indeseable situación no explicaría que el Congreso no conceda a los colombianos la oportunidad de expresarse Libremente, que es, en realidad, lo que está en juego. Hoy es el referendo, mañana puede ser otra expresión de la voluntad popular, el ejercicio de este u otros derechos.

Por otra parte, ya en el terreno político, origen y destino de los representantes, la medida de la corte, puede generar un movimiento contrario al que los opositores de la reelección esperarían: estas decisiones podrían prologar otras que afecten el fuero de los Congresistas y el equilibrio entre las diferentes ramas del poder, convidándolos a apoyarse  en el  futuro gobierno, luego de constatar la mayoritaria voluntad popular que lo respalda.

El congreso no puede reemplazar a la opinión pero tiene el deber de interpretarla. Una cosa es no estar de acuerdo con la reelección en 2010 y muy otra, eludir sus responsabilidades haciendo caso a argucias que invocan la Constitucionalidad y que deben ser evaluadas, en todo caso, por la Corte Constitucional.

La manera como se ha querido impedir que los ciudadanos se expresen, metiéndole miedo al Congreso y a la gente, nos relata la forma como actuarían, en caso de acceder al gobierno. ¿Porqué no resolver las diferencias políticas a los votos y no de trampa en trampa?,¿ Sienten temor de las mayorías?

¿O será que consideran que las triquiñuelas  que usan  son “buenas” y los actos de los demás reprochables? Pues ese es el camino de la negación de la Ley y los derechos, el imperio detestable de los “avispados”. Tenemos todavía en Colombia, aunque no recordemos a veces cuánto valen, Instituciones, Leyes, Democracia y medios libres. El Congreso, después de tanto, debe resguardarlas y corresponder a su estatura.

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