Por: Elisabeth Ungar Bleier

El Congreso, un asunto de todos

UNA EFECTIVA RENDICIÓN DE CU- entas es un requisito para recuperar la credibilidad y la confianza en las instituciones.

Ésta supone un compromiso de los funcionarios públicos de hacer pública la información sobre sus actuaciones y sus decisiones, pero también la voluntad y disposición de los electores de informarse para poder ejercer un eficaz control a los elegidos. 

La semana pasada se realizó en Bogotá el Foro Internacional Transparencia en el Poder Legislativo y Apertura Informativa, organizado por la Corporación Transparencia por Colombia y el programa Congreso Visible de la Universidad de los Andes. En él se presentaron resultados de dos encuestas realizadas por Transparencia —una a ciudadanos y otra a una muestra de periodistas, académicos y miembros de gremios— y un estudio adelantado por Congreso Visible con un grupo de 67 ciudadanos voluntarios que fueron al Congreso a solicitar información.

Llama la atención que la mayoría de los ciudadanos encuestados desconoce las funciones del Congreso y su estructura: por ejemplo, el 41% dice que tiene una sola cámara y sólo el 4% sabe que una de sus funciones es el control político. No obstante, cerca del 60% percibe como importante su labor. Al preguntarles si alguna vez han solicitado información al Congreso, el 97% no lo ha hecho, y de éstos, al 82% no le interesa o no la ha necesitado. Al indagar a los tres segmentos poblacionales específicos, más del 80% consideró que la información sobre el trabajo realizado por los congresistas es insuficiente.

De otra parte, el objetivo de Congreso Visible fue ver cómo le va al ciudadano del común cuando va personalmente al Congreso a solicitar información. Los resultados no son menos desalentadores. Por ejemplo, ninguno obtuvo información sobre las hojas de vida de los congresistas, ni los nombres de sus asesores y sólo cerca del 30% logró datos sobre los proyectos de ley presentados y los debates citados. Tampoco se les entregó la declaración de conflicto de intereses, que por ley debe ser pública, ni la declaración patrimonial. Llama la atención que la confidencialidad de la información fue una de las razones que más se utilizó para no entregarla, cuando lo que hacen los congresistas, por su misma esencia, es público. Así mismo, que se hubiera remitido al ciudadano a páginas web donde la información solicitada no aparece o está incompleta, o que se adujera que otras personas ya la habían solicitado.

De lo anterior se desprenden dos conclusiones preocupantes. El desconocimiento de los colombianos sobre el Congreso y las dificultades para acceder a información oportuna y completa sobre el mismo. Si bien se han hecho esfuerzos para mejorar estos problemas, aún falta recorrer un largo camino. No es con actitudes defensivas de algunos  funcionarios del Congreso o con descalificaciones al trabajo que realizan organizaciones independientes y académicas como se superan las falencias señaladas.

Contrario a lo que muchos piensan, la publicidad y el acceso a la información pública no es una dádiva que se les concede a los ciudadanos. Es un derecho que tenemos y que debemos exigir. Es mejor un ciudadano informado y crítico que un ciudadano complaciente.

* Directora Congreso Visible, Universidad de los Andes

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Elisabeth Ungar Bleier

Anotaciones a la reforma política

¿Hasta cuándo?

¿Oportunismo político o escasez de mermelada?

Bienvenidos al pasado