Por: Augusto Trujillo Muñoz

El consenso en la política

La reunión de las distintas fuerzas políticas representadas en el Congreso para acordar ajustes a la JEP significó un enorme gesto simbólico, como lo expresó ayer el editorial de este diario. Incluso fue mucho más que eso: mostró la inmensa importancia de los consensos en la política.

Tiene razón el senador Luis Fernando Velasco. Lo más importante de aquella cita es la cita misma: “Se ha iniciado un nuevo diálogo político en el país”. Ojalá sirva para aclimatar una cultura democrática capaz de superar la polarización. Los colombianos compraron la idea equivocada de que la democracia se expresa en una mayoría que gobierna y una minoría que debe oponerse. No es así necesariamente.

Hace medio siglo Arthur Lewis, Premio Nobel de Economía, afirmó que el primer sentido de democracia supone la posibilidad cierta de que los afectados por una decisión intervengan en la toma de la decisión respectiva, ya sea directamente o por medio de sus representantes. Hoy, el politólogo Arend Lijphart sostiene que la democracia como norma de la mayoría solo funciona en sociedades relativamente homogéneas y trae como ejemplo a la sociedad británica.

En sociedades plurales que, por lo mismo, son heterogéneas, el gobierno de la mayoría no solo no es democrático sino también peligroso, porque el resultado es la dictadura de la mayoría. Lijphart pone el ejemplo de Irlanda del Norte, históricamente fracturada por razones religiosas, hasta el punto de que, en un momento dado, explotó en una larga guerra civil que aún no cicatriza del todo.

Colombia necesita abrir una nueva conversación, capaz de aproximar la diversidad de opiniones y la multiplicidad de intereses de sus distintos sectores. Sus ciudadanos no dialogan entre sí y por eso han privilegiado el odio sobre la convivencia. Sólo conversamos con quienes están de acuerdo con nosotros y eso no es un diálogo sino un monólogo. Pero el acuerdo de esta semana, independientemente de su alcance, abre la puerta a un diálogo a partir del cual el país puede construir consensos políticos.

¿Sería, acaso, ilusorio pretender que los ajustes acordados en torno a la JEP sean el comienzo de un proceso que, sin perjuicio de los intereses y postulados de cada quien, conduzca hacia la normalización de la vida política, en un país que lleva décadas de anormalidad, confrontación, impunidad y monólogos que alientan la confrontación y alejan la convivencia social?

El diálogo supone un ejercicio de convivencia y la deliberación democrática, un debate firme pero civilizado, en función de obtener consensos mínimos. La reunión de esta semana en el Senado puede abrir la puerta hacia una nueva conversación entre los colombianos. Si el acuerdo suscrito sirve para normalizar un país que ha vivido durante décadas en la anormalidad, la confrontación, la impunidad y la corrupción, estaríamos poniendo la base para construir un nuevo país. Así de claro. De seguro, ese es el reto más grande de los colombianos en este momento.

* Exsenador, profesor universitario.

@inefable

821546

2018-11-02T00:00:30-05:00

column

2018-11-02T13:52:02-05:00

jrincon_1275

none

El consenso en la política

28

3184

3212

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Augusto Trujillo Muñoz

Falacias y peligros

Al oído del señor presidente

La gobernanza de Bogotá

Las músicas que somos

Ciudad musical