Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

El constructor debe pensar en la ciudad

APROPIARNOS DE LA CIUDAD, CUIdar la naturaleza y promover un equilibrio ambiental debería ser un propósito común de todos los que habitamos en una urbe, no obstante, a menudo este propósito deja de ser una prioridad y es así como en diversas ocasiones la tala de árboles y la utilización de lotes para construir grandes edificios alteran el orden urbano y ambiental.

Y si bien el desarrollo es necesario, también debería haber una compensación por la alteración de ese equilibrio y una normatividad que sea efectiva, al igual que una institución que promueva la responsabilidad social del constructor.

La normatividad debería obligar al constructor, dependiendo del área ocupada y de los metros cuadrados construidos, a devolverle a la ciudad bien mediante la siembra de árboles en la calle y sus alrededores o bien aportando recursos a un fondo para que una institución especializada lo haga. Podría constituirse una ONG o una mixta o delegarle, por ejemplo, a la Cámara de Comercio el desarrollo de parques y siembra de árboles. Es fundamental que los constructores, además de presentar el proyecto arquitectónico, presenten un proyecto de impacto urbano y ambiental.

Y es que nos olvidamos de que al construir como, por ejemplo, los 300 apartamentos o más de las tres torres en la circunvalar, no sólo aumenta la densidad de habitantes en una zona sino que también afecta la circulación y el medio ambiente. No se sabe dónde jugarán los niños, ni cuáles son las zonas de cesión y dónde están las zonas verdes de esos edificios, y este es tan sólo un ejemplo de muchos. La responsabilidad social no sólo es cumplir las normas sino que debe ir más allá, debería ser parte de las empresas constructoras que deben contribuir con el manejo de su entorno social y ambiental. Las utilidades son altas y parte de esos ingresos deben volver a la comunidad.

Finalmente, el constructor no sólo debe construir edificios sino que debe pensar en la ciudad y en la gente que va a vivir allí y creo que generalmente priman más los criterios económicos, que en cómo debe ser la ciudad y cómo lo afectará el edificio o la urbanización, cómo se afectará el transporte de automóviles y el público, cómo se afectan los servicios.

Ojalá podamos crear conciencia en las autoridades, como en los constructores y también en la ciudadanía, todo con el ánimo de tener una mejor ciudad para todos.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Ana Milena Muñoz de Gaviria

Lucha contra una cultura de corrupción

Pacto por Colombia, el nuevo derrotero

Tiempo al tiempo