Por: Augusto Trujillo Muñoz

El control político

Los medios de comunicación y amplios sectores ciudadanos registraron como negativo el balance de esta última legislatura. La revista Semana publicó un informe titulado “Para el olvido”, en su última edición. A diferencia de ellos, yo pienso que fue, más bien, una legislatura “para el recuerdo”. En efecto, el Congreso no aprobó las normas anticorrupción que se venían discutiendo y esa es la razón fundamental de la crítica. Pero tales normas venían cargadas de una alta dosis de populismo.

La consulta celebrada en agosto pasado incluyó temas como la reducción salarial a los funcionarios públicos enumerados en el artículo 197 de la Constitución. Sin embargo, asignaciones como las de Ecopetrol, para solo mencionar una agencia oficial, y casi todas en el sector privado, oscilan entre 50 y 150 millones de pesos mensuales: esas sí son no solo desafiantes, sino que inciden en el crecimiento de las desigualdades, como lo escribió Piketty hace ya un lustro. El tema necesita mayor responsabilidad de la que le imprimieron los inspiradores de la consulta y, por lo mismo, merece mayor atención ciudadana, de los medios, del Gobierno y del Congreso.

En Colombia, las reformas constitucionales y sus contrarreformas son tan fáciles, o tan difíciles, según la voluntad del respectivo gobierno. Aquí confundimos Estado de derecho y arbitrariedad con leyes. La sociedad parece embalsamada en normas que no se violan, pero tampoco se cumplen. Por lo tanto, la labor del Congreso no puede ser la de aprobar reformas para que todo siga igual, ni la de hacer populismo legislativo. Al contrario, hizo bien el Congreso en eliminar viejas normas, vigentes desde el siglo XIX, por obsoletas, inútiles e innecesarias.

El nuestro es un país contaminado por la corrupción hasta la médula. No tiene claro lo que debe hacer, en medio de tanta indiferencia dirigente. En ese marco, la prioridad esencial del Congreso es ejercer control político al gobierno y a la administración. Se trata de una función clave que se ha vuelto escasa en Colombia, porque los gobiernos suelen cooptar a los congresistas para luego controlarse a sí mismos, a través de sus mayorías parlamentarias.

La ministra del Interior señala que la negativa del Congreso produjo una gran molestia ciudadana. Probablemente tenga razón: la gente, también con razón, deposita sus iras contra el Congreso con más fuerza que contra otras instituciones. Pero aquí está ignorando una positiva labor de control. ¿Dónde estaba el liderazgo de la ministra para obtener el resultado que, ahora, dice echar de menos? No es coherente su postura. En cambio, el Congreso merece reconocimiento por su ejercicio del control político.

El principio del control pertenece al ADN de la democracia. Es el principio democrático por antonomasia. Ahora el Congreso lo ejerció como corporación, más allá de la gestión individual y aislada que siempre asumen algunos de sus más conspicuos miembros. Esta vez intentó justificadas mociones de censura y declaró infundadas unas objeciones del gobierno que comprometían las aspiraciones de los colombianos frente a la convivencia. Ojalá en la nueva legislatura el Congreso apruebe un proyecto anticorrupción más serio y mejor estudiado. Pero, sobre todo, ojalá recupere, como propósito permanente de la corporación, su potestad fundamental: el ejercicio del control político.

*Ex senador, profesor universitario. @Inefable1

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