Por: Nicholas D. Kristof

El corredor que dona la mitad de su ingreso

MATT WAGE ERA UN ESTUDIANTE brillante y serio en la Universidad de Princeton, una estrella del salón de clases y un pensador profundo respecto de sus propias obligaciones éticas hacia el mundo.

Su tesis de grado ganó un premio como la mejor del año en el Departamento de Filosofía, y lo aceptaron en estudios de posgrado en la Universidad de Oxford. Sin embargo, después de graduarse en 2012, consiguió empleo en una firma de operaciones de arbitraje en Wall Street.

Se podría pensar que su profesor, Peter Singer, un filósofo de la moral, lo habría repudiado por claudicar. Más bien, Singer lo presenta como modelo.

Ello se debe a que Wage razonó que si conseguía un empleo de salario elevado en las finanzas, podría contribuir más a la beneficencia. En efecto, dice que en 2013 donó más de US$100.000, aproximadamente la mitad de sus ingresos antes de pagar impuestos.

Wage me dijo que planea seguir en las finanzas y donar la mitad de su ingreso. Una de las principales beneficencias a las que Wage dona es la Fundación contra el Paludismo, que, según cálculos de un analista, puede salvar la vida de un niño, en promedio, por cada US$3.340 que se donan. Todo esto indica que es posible que Wage haya salvado más vidas con sus donaciones que si fuera un socorrista.

“Una idea que encuentro motivadora es imaginar cuán grandioso te sentirías si salvaras la vida de alguien”, dice Wage. “Si, de alguna forma, salvaras a una docena de personas de un edificio en llamas, podrías recordar eso como una de las grandes cosas que has hecho. Pero, resulta ser que salvar tantas vidas está al alcance de las personas comunes que simplemente donan una parte de su ingreso”.

Hmmmm. ¡Es posible que Wage sea el único financiero al que yo desearía que le pagaran más!

Wage es un ejemplar de un nuevo movimiento llamado “altruismo efectivo”, orientado a asumir un enfoque riguroso, no sentimental, para marcar la máxima diferencia en el mundo. Singer ha sido líder de este movimiento y, en un libro que salió a la venta la última semana, explora lo que significa vivir éticamente.

En el libro, The Most Good You Can Do (El máximo bien que uno puede hacer), adopta un punto de vista poco prometedor sobre las donaciones convencionales a beneficencias, como apoyar a museos de arte o a universidades, iglesias o refugios para perros. Singer pregunta: ¿apoyar a un museo de arte es realmente tan socialmente útil como, por decir algo, ayudar a las personas a evitar la ceguera?

De hecho, una organización estadounidense de ayuda, Helen Keller International, corrige la ceguera en el mundo en desarrollo por menos de US$75 por paciente. Es difícil ver cómo una modesta contribución a una iglesia, ópera o universidad será tan transformadora como ayudar a que vuelvan a ver los ciegos.

Si bien es uno de los fundadores del campo de los derechos de los animales, Singer es escéptico sobre el apoyo para las organizaciones de rescate de perros. El verdadero sufrimiento en el mundo animal, dice, está en la agricultura industrial, ya que existen cerca de 50 veces tantos animales a los que crían y matan en granjas industriales cada año, como hay perros y gatos mascotas en Estados Unidos. La forma de aliviar el dolor del mayor número de animales, dice, es centrarse en los pollos.

GiveWell, un sitio web que refleja el ethos del movimiento de dar efectivamente, recomienda beneficencias en particular para mayor rentabilidad. Sus principales recomendaciones, de momento, son la Fundación contra el Paludismo, GiveDirectly (transferencia directa de dinero a los muy pobres), la Iniciativa para el Control de la Esquistosomiasis (que, a bajo costo, combate un parásito común) y la Iniciativa para Desparasitar al Mundo (a los niños).

El propio Singer dona cerca de un tercio de su ingreso a la beneficencia, dice. Admiro su compromiso. No obstante, tengo preguntas sobre tres puntos.

Primero: ¿dónde trazamos la raya? Si estamos preparados a donar un tercio de nuestros ingresos para maximizar la felicidad, entonces, ¿por qué no dos tercios? ¿Por qué no vivir en una tienda de campaña en un parque para poder donar 99% y evitar todavía más casos de ceguera?

Quiero llevar a mi esposa a cenar sin sentirme culpable; quiero poder ver una película sin preocuparme de que más bien debería estar comprando un mosquitero. La vida tiene más cosas que la automortificación y me parece que un cálculo obsesivo de la rentabilidad le resta diversión a la vida.

Segundo, el humanitarismo es noble, pero también la lealtad. Al igual que las artes. Y me siento incómodo eligiendo una causa y abandonando todas las demás por completo. Por mi parte, dono mayormente a causas humanitarias, pero también a mis universidades, en parte, por lealtad a las instituciones que alguna vez me otorgaron becas.

Tercero, me estremezco ante la idea de aceptar un empleo solamente porque pagan muy bien —aun si es para regalar el dinero—. Bravo por Matt Wage, quien dice que disfruta su trabajo como operador de arbitrajes (hoy vive en Hong Kong), pero no estoy seguro de que sea algo les funcione a todos.

No obstante, el argumento de Singer es poderoso, provocador y, creo, en esencia correcto. El mundo sería un mejor lugar si fuéramos tan firmes en cómo donamos dinero como los somos en cuanto a lo que ganamos.

 

Se puede contactar a Kristof en Facebook.com/Kristof o en Twitter.com/@NickKristof  2015 New York Times News Service

 

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