Por: José Salgar

El corto plazo mata al largo plazo

PASA EN TODOS LOS GOBIERNOS, pero en los tiempos que corren se ha acentuado en lo nacional y en lo bogotano. Las urgencias de problemas de corto plazo, de pequeños sectores, se oponen a las que buscan soluciones colectivas de largo plazo.

Con el veto presidencial a un proyecto aprobado por el Congreso, para castigar las ventas en los semáforos con multas tanto a quienes compran como a quienes venden, se soluciona de momento el problema para una minoría, pero se agravan en grande escala los nudos en las esquinas y que paralizan el costoso sistema de las tres luces para organizar el tránsito urbano. Menos grave pero más impopular es fijar zonas especiales para el creciente número de desplazados o indigentes que buscan la vida haciendo maromas o vendiendo chucherías a los automovilistas bloqueados en la esquina.

Una urgencia que pasan los años y no se resuelve, es la de las entradas y salidas de la ciudad, en especial hacia el norte y el sur, por las concesiones para abrir nuevas urbanizaciones o centros comerciales sin vías adecuadas. La autopista del norte, que hace 50 años fue solución a largo plazo, es ahora el peor dolor de cabeza por la congestión no sólo en fines de semana sino a toda hora. Para el sur, es mayor el tiempo que tarda llegar a un retén dentro de la sabana que el tramo con peaje caro pero con rapidez y seguridad para llegar a Melgar o Girardot.

También estamos saturados por las indecisiones sobre el aeropuerto de Bogotá, obra indispensable en lo internacional y nacional, pero rodeada de pequeños problemas locales. Para prolongar hacia el occidente la avenida de La Esperanza se amplió una excelente ruta paralela a la pista 2 de El Dorado, que alcanzó intenso tránsito de carga pesada y ligera, y que ahora está en abandono total, mientras se decide qué pasará con otro problema, el de la inmensa población de bajos recursos que ocupa las barriadas de Fontibón y que tendrá que salir de allí ante la inevitable extensión de las obras aeroportuarias.

También se han vuelto diarios los anuncios sobre soluciones de los técnicos a la carrera 7ª, y en general al transporte masivo. Pero todo se estrella contra el poderío de unos cuantos intocables que mantienen esas vías con los viejos buses de gases contaminantes o con la inmensa mancha incontrolada de los taxis amarillos.

Esta semana se repitió el doloroso caso de familias que, ya sea por el desamparo o el creciente desempleo, o por los diferentes tipos de violencia causadas por el terrorismo y el narcotráfico, dejan de pagar arriendos y un juez ordena el desahucio. La policía cumple su deber, pero el barrio entero se subleva y recibe a piedra a los que proceden a tumbar puertas y a lanzar los enseres a la calle, en medio de los gritos y angustias de hombres, mujeres y niños. Es el corto plazo sancionado por la ley, mientras no funciona ninguna solución de largo alcance para semejante injusticia.

COLETILLA.- Las soluciones nacionales a largo plazo chocan con las locales que se trancan en los semáforos.

 

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