El cuadrito negro

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El martes pasado varias personas decidieron poner una foto de un fondo negro en sus redes sociales. El cuadrito negro fue una campaña de varias celebridades en el mundo para apoyar el movimiento estadounidense Black Lives Matter. La iniciativa pedía además detener cualquier pauta, promoción o contenido comercial y enfocarse únicamente en mensajes de apoyo para la comunidad negra. Horas después de iniciada la campaña, y cuando ya miles de usuarios e influencers se habían unido a ella, salieron los críticos. El cuadrito negro pasó de ser una forma de apoyo a ser un esnobismo de quienes quieren hacer público su apoyo solo cuando es tendencia. Se criticó además el activismo pasivo de escritorio, que no ayuda a un cambio efectivo sobre las causas estructurales de la violencia, segregación y discriminación.

La controversia era de esperarse. Es cada vez más común el debate sobre qué se puede decir y qué no cuando se trata de temas “sensibles”. Están, por un lado, quienes consideran que es mejor algo que nada y que lo importante es apoyar las causas sin importar el cómo. Por otro lado, están quienes creen que es mejor callar de lo que no se conoce. Las buenas intenciones no bastan para apoyar una causa y, por el contrario, pueden perjudicarla. También están los que llaman a revisar primero lo propio y denuncian la hipocresía de comprometerse con lo del norte solo porque es del norte. Pero, entonces, ¿qué?, ¿quiénes pueden hablar?, ¿cómo se puede hablar? Y también, ¿cuándo hay que callar?

La escritora negra Kandise Le Blanc respondió en su blog a varias de las inquietudes que tienen quienes no hacen parte de la comunidad negra y quieren apoyar la causa antirracista. “No quiero sus opiniones o pensamientos, quiero que oigan las experiencias negras que han decidido olvidar. No quiero sus hashtags en Instagram, quiero capturas de pantallas con donaciones o patronazgo del trabajo, arte o conocimiento escrito por negros. No quiero recibir ‘me gusta’ pasivos en Twitter, quiero que sigan las tragedias negras de la misma forma que siguen las tendencias negras. No quiero reivindicar su culpa blanca, ustedes deben lidiar con ella. Quiero que paren a sus familiares y amigos racistas sin esperar una palmadita en la espalda”.

En últimas, la discusión sobre el racismo es semejante a la del sexismo, la homofobia y la aporofobia. Muchas veces la mejor manera para saber cómo hablar es escuchar, en este caso, a quien pide justicia. Claro, esto no quiere decir que las minorías sean unificadas ni que las reflexiones solo por provenir de ellas sean acertadas. La pifia humana no da tregua y uno puede no entender el significado de la propia experiencia. Igual, vale la pena empezar por la vivencia y quizá después leer a quienes llevan una vida estudiando esas vivencias. Pero como la actividad de pensar atinadamente y con claridad es tan ardua, requiere tanto tiempo y se enfrenta a tantos reveses, también están quienes deciden lanzarse “en cueros”. Es decir, sin preparación, sin experiencia y, por qué no, sin pensadera. En este caso, solo vale la pena recordar que lo público es público y uno no puede pretender hablar sin que le hablen de vuelta. Ahí está la grandeza del debate y de quienes logran aprender algo entre tanta agitación.

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