Por: Ignacio Zuleta

El cultivo del agua

Hasta hace tres meses, la quebrada de Aguasfrías abastecía los cultivos y el acueducto de la vereda El Tesorito.

Su abundante torrente bajado de la Sierra era la vida de la comunidad de campesinos asentados cerca del mar. Hoy, por primera vez en muchas décadas —dicen los ancianos—, es un lecho de piedras y de arena, y el hilillo que corre por el cauce seco es fuente de peleas entre los vecinos. Se ha desatado una verdadera guerra por el agua.

Un estudiante joven nacido en Tesorito, que entiende de internet y que va a la Universidad en Santa Marta, hizo un estudio informal de las causas del desastre anunciado. Con unos compañeros recorrió la cuenca y realizó también algunas comparaciones con fotos de satélite. El resultado del estudio podría calcarse para miles de zonas del país. En resumen: los bananeros desviaron el agua con sus motobombas, los ganaderos cortaron los bosques al lado de la cuenca, los indígenas quemaron para sembrar, los nevados han desaparecido por el calentamiento global, los funcionarios de las corporaciones se durmieron en su lecho de pereza y corruptela, y los campesinos se están matando por el agua.

La sequía estaba anunciada. Los ambientalistas la pronosticaron y fueron tratados de hippies trasnochados y alharaquientos. Los koguis hace años hicieron su proclama pública sobre la desaparición de los nevados y el desastre que ha sido “quitarle el gorro blanco a la montaña”. Al Gore viene hablando de calentamiento global hace decenios y los gringos ni siquiera firmaron el acuerdo de Kioto. Pero los gobernantes de turno manejan un Estado bombero y apagan los incendios sin ir a la base del problema. ¿Por cuánto tiempo se alivia la sequía en La Guajira, o en Santa Marta, con los millones que ayer “donó” el Gobierno?
El agua no nace en carrotanques. Se nos olvida, aunque hay palabras en todas nuestras lenguas indígenas para ello, que el agua SE CULTIVA. Las ecuaciones son tan obvias que parece mentira que no las recordemos, por ejemplo:

A+A = A (Árbol + Árbol = Agua)
A-A = S (Árbol - Árbol = Sequía)
P+M = D (Páramo + Minería = Desierto).

¿Dónde están las enormes y urgentes (¡urgentes!) brigadas comunitarias de reforestación? ¿Dónde está el apoyo y la supervisión de las corporaciones —que entrarán en un limbo en el Congreso— que obligaran, al menos, a que la ley de protección de las orillas de los ríos se cumpliera? Porque para cultivar alimentos hay que cultivar primero el agua. Y en ese orden de ideas, el Ministerio del Agua debería existir y tener más presupuesto que el de Agricultura o el de Minas. Para cualquier estadista medianamente despierto, el agua hace rato debía estar en el tope de las prioridades, inclusive en la mesa de La Habana. ¿O creímos que esa riqueza duraría para siempre? Parecería que por andar buscando agua en Marte, la especie vive en la Luna. Si no emprendemos ya acciones reales, pasaremos de matarnos por las tierras a matarnos por el agua, como en El Tesorito. ¡Vaya paz!

 

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