Por: Enrique Aparicio

El daño de vivir lo que no queremos

Muchos de nosotros habremos experimentado la sensación de estar haciendo lo que no nos gusta. Comenzando por el trabajo, uno se pregunta: ¿qué porcentaje de la masa trabajadora, profesional o no, llega a calentar asiento durante ocho horas seguidas?, ¿a mirar varias veces el reloj para ver a qué hora salir corriendo? O yendo mas allá, ¿cuánta gente siente que lo que hace le reporta un desarrollo personal y no solo un cheque de quincena?

Son algunas de las preguntas que todos nos hacemos cuando ejecutamos un trabajo, una labor.  A ciencia cierta no sabemos si es por el billete y las adulaciones o porque no nos atrevemos a hacer otra cosa.  Le tenemos miedo a buscar horizontes que sean más afines con lo que creemos, con lo que sentimos. Hacemos parte de lo que la sociedad en que vivimos podría llamar un idealista.

Este pequeño trazo de la historia fue cierto y reúne, en parte, la descripción antes mencionada:

Un señor de buen vestir a quien se le notaba su posición económica como banquero de Aix-en-Provence, la capital de la Provenza, hablaba con su hijo Paul (que nació ahí en 1839 y murió en 1906 en la misma ciudad).  Una charla informal mientras caminaban en el bosque cercano a la mansión donde monsieur Louis-Auguste Cézanne vivía con su esposa.

-Mira, Paul, es importante que tomes conciencia de tus obligaciones para sucederme como director de mis negocios.  Respeto tu gran interés por desarrollar el dibujo como una parte muy importante de tu vida, pero para nuestro caso tendrás que estudiar Leyes.  Un buen abogado es necesario para administrar lo que en el futuro será tu herencia.

El empujón emocional fue demasiado fuerte en el primer encuentro, pero habría más.  De todas maneras Paul Cézanne bajó la cabeza.  Abandonó su estudios en la escuela de Bellas Artes de Aix-en-Provence y se matriculó en la universidad  para estudiar abogacía; sin embargo, continuó asistiendo a algunos cursos de pintura.  El gusano de lo que quería hacer no lo abandonó y, por el contrario, una “mala” compañía ayudó a que sus necesidades para pintar se enriquecieran: Émile Zola (quien se convertiría en un gran escritor, que entre sus obras estaría la de Yo acuso por el caso Dreyfus) lo convenció para que juntos fueran a París donde el boom de las artes crecía en forma exponencial.  El caso es que los amigos, incipientes artistas del lápiz y el pincel, se fueron a vivir a la Ciudad Luz.

Paul presentó exámenes para entrar en la escuela de Bellas Artes de París, un sitio élite para artistas, pero fue rechazado.  Entonces se enroló en la Academia Suiza de pintura que posteriormente dejó para regresar a Aix a trabajar en los negocios de su padre, lo que duró poco tiempo. A partir de 1860 se dieron una serie de todo tipo de sucesos en cadena, desde fracasos en la presentación de obras, de estilo impresionista, hasta su desarrollo en lo que fue el posimpresionismo. Muchos años más tarde Cézanne fue llamado como uno de los padres de la pintura moderna. El impresionismo, en términos muy simples, quiere reflejar lo que “dicen” los objetos al ser pintados, por la luz y los colores, de ahí  que impulsan la pintura al aire libre. Quieren salirse de los esquemas académicos y concentrarse en la impresión que dan. El posimpresionismo, como un extensión del impresionismo,  se enfoca en una visión más propia que es reflejada por el artista, es decir, una captura de los objetos que se pintan en forma más subjetiva  para darle más fuerza y más emoción a lo que pintaban.

Se enamoró de la modelo Marie-Hortense Fiquet y vivieron juntos durante 20 años sin casarse temiendo que, de saberlo, su padre le quitaría el ingreso mensual con que vivía. De esta relación nació un hijo, Paul.  Al fallecer su progenitor, ya en posesión de la herencia, contrajeron matrimonio que duró el resto de sus vidas.

La Provenza fue su lugar.  En París no logró acostumbrarse y hubo un tiempo que vivió con Hortense en un sitio cercano a la gran ciudad: Auvers-sur-Oise, un pueblo que mucho pintor de la época visitaba por sus paisajes y tranquilidad.

Paul Cézanne fue producto de su persistencia por la vida artística.  Si hubiera optado por seguir los pasos en el negocio de su padre quizás hubiera sufrido menos sobresaltos económicos y sus angustias en su proceso de renovación personal a través de la pintura no hubieran tenido lugar.  Aunque de pocos amigos y más bien un ser asocial, el gran maestro encontró lo que quería en sus expresiones plasmadas en sus lienzos como muestra de su gran desarrollo personal  y como artista.

El YouTube muestra algunos lugares de la casa de Cézanne y de Aix-en-Provence y algunos de sus cuadros emblemáticos así como monumentos de la bella ciudad que es Aix.

https://youtu.be/INHG4nv0gWY

Que tenga un domingo amable.

 

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