Sirirí

El de la venganza genocida es usted

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Propugnar por la paz asestando puñaladas traperas es típico en él. Como no tiene que rendirle cuentas a nadie y hace lo que le da la gana, aprovecha su sagrada investidura para atacar, calumniar, denostar, injuriar y generar caos y desconcierto, porque no le va bien a un ministro de Dios asumir posturas extremas que, en lugar de conducir a la conciliación y el entendimiento, provocan polarizaciones e incitan a la violencia.

Yo llevo años denunciando sus extraños procederes, que solo se explicarían entendiendo que es vocero de los grupos armados e insurgentes que pretenden desestabilizar el país, y qué mejor escenario que los púlpitos y un coro de aduladores que hacen eco a sus extremas manifestaciones.

Varias veces ha intentado amedrentar a sus detractores con amenazantes cartas de sus bien pagados penalistas y ha manivelado para que judicialicen a personas inocentes para acallar sus plumas, en un grosero chantaje que pretende limitar la libertad de expresión de aquellos que no comulgan con su ideología, curiosamente contraria a la de sus superiores.

La última perla fue señalar al presidente Duque de estar adelantando una venganza genocida frente a la implementación del proceso de paz, acusación que debería ser investigada hasta las últimas consecuencias, pero que por tratarse de él obtiene, en cambio, los réditos que le dejan los titulares en los medios y los comentarios editoriales que le dan pantalla y lo vuelven la vedette de la Iglesia católica.

Y él, ni corto ni perezoso, aprovecha el papayazo y posa ante las cámaras con su carita de “yo no fui” como si estuviera repartiendo medallitas, hostias y bendiciones, sin que ninguna jerarquía se atreva a reprenderlo porque, mediáticamente, sería peor, pero a la larga sería lo ideal, así colgara los hábitos, como tantos otros lo han hecho y no ha pasado nada.

Tan solo una tímida declaración de la Nunciatura Apostólica, que dice que la Santa Sede no comparte ni autoriza sus declaraciones incendiarias e irresponsables, ha sido la reacción ante semejante exabrupto.

Y mientras tanto el monseñor, tan proclive a la vitrina, se burla del nuncio y da la orden de perseguir a quienes se atreven a cuestionar y criticar sus posturas instigadoras —esas sí— que buscan que vuelvan la sangre y la guerra.

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