Por: Mario Morales

El de ‘Tirofijo’ no debe ser otro cadáver insepulto

LA CULPA LA TIENE LA REALIDAD desbordada que vivimos. Una realidad que, por lo menos  en el relato, se queda a medio camino. Como aquí cualquier cosa puede suceder, nos hemos ido inscribiendo, sin necesidad de firmas ni referendos,  en la escuela de Tomás, el discípulo incrédulo en la Sagrada Escritura.

Hasta no ver no creer, parece ser la enseña de estos tiempos en los que pululan los cadáveres insepultos, cuyos fantasmas pasean por  teatros de operaciones, salas de redacción y por la imaginación de los colombianos que todavía no sabemos qué pasó con Fidel Castaño, cuyo paradero, o el de sus restos, se desconoce desde 1994; y si Vicente Castaño fue ultimado por sectores emergentes de paramilitares en julio del año pasado o si, como sostiene el jefe  paramilitar alias H.H.,  está  escondido en algún lugar del país.

Ese escepticismo, hasta cierto punto justificable, no  niega que Tirofijo esté muerto. Como no lo niega la recompensa de cinco mil millones de pesos ofrecida por  el Comandante del Ejército a quien dé razón del paradero de sus despojos  mortales.  Ese  interés radica tanto en saber las causas del deceso (no es lo mismo en el  balance un infarto cardíaco que un bombardeo) sino con echarle tierrita a un fantasma que se paseó orondo por la geografía y  la historia reciente del país y que puede terminar tristemente convertido en mito.

 A diferencia de los cadáveres del Che o de Camilo Torres, de los cuales sólo se conocieron las fotos para evitar que sus tumbas  se convirtieran en lugar de culto,  la aparición del cuerpo de Tirofijo eliminaría cualquier suspicacia, pero sobre todo  pondría cualquier germen  de su leyenda  dos metros bajo tierra.

Y no es que no creamos en la palabra del ministro Santos o en los informes de inteligencia o aún en el comunicado del secretariado de las Farc, pero un certificado de Medicina legal avalado, como está de moda, por un ente internacional le haría bien a este país  que no termina de cocinar su historia  por culpa de los relatos a medias.

www.mariomorales.info

 

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