Por: Pedro Viveros

El debate del siglo fue un Viernes Santo

Una discusión entre el sicólogo clínico canadiense Jordan B. Peterson, escritor del best-seller “12 reglas para vivir. Un antídoto al caos”, y una cuenta de Twitter dio inicio al denominado “Debate del siglo” en materia de pensamiento contemporáneo. Una mañana cualquiera Peterson le respondió en múltiples oportunidades a un bot que repetía frases del esloveno Slavoj Žižek, escritor, filósofo y crítico de arte con múltiples trabajos académicos sobre Hegel y Lacan quien, para añadirle algo más a la polémica, no tiene ninguna cuenta en las redes sociales.

Es decir, Peterson se habló a sí mismo ante la mirada de millares de sus seguidores. Ese “diálogo fake” abrió las puertas el pasado Viernes Santo para que se realizara el esperado encuentro entre estos dos pensadores modernos. La cita fue en Toronto, Canadá, ante un auditorio repleto. Con promedios de boletería de 200 dólares y transmisión paga por streaming con valor de 15 dólares. El tema era “La felicidad: capitalismo vs. marxismo”.

La “lucha ideológica” se llevó a cabo en el terreno de la visión sicológica de Peterson y la filosófica de Žižek. Este último, con un “desorden hilvanado”, escogió la ruta de abordar de frente el tema del evento: la felicidad no es clara para nadie en estos momentos, porque una sociedad hiperconsumista, o sensible a sus deseos inmediatos, olvida lo que es verdaderamente importante para ser feliz. Puso el ejemplo de China que tiene control político férreo en materia política, y es más liberal en lo económico. Resultado, según el excandidato presidencial esloveno, una sociedad sin frenos en esta materia produce la catástrofe ambiental en ese país y en el mundo. ¿Es esa la felicidad?

Ninguno perdió su esencia académica a pesar de que la entrada a la discusión fue para ambos un reto. Peterson escogió una crítica al Manifiesto comunista. Con intenciones teóricas enfocadas a la crítica más bien vaga sobre lo desueto de este documento y lo anciano de sus ideas. Aprovechó para repuntar su tesis de la división ancestral de que todo lo que haga la burguesía está mal y los reclamos del proletariado son lo conveniente. ¿Algo nuevo? Eso sí, fue mucho más ordenado y responsable en su exposición que el esloveno.

Algo central en el debate fue la corrección política. Mientras para Peterson es un elemento vital de la libertad de opinión, al punto que insinúa la mutación del comunismo genuino hacia un “marxismo posmoderno” reflejado en los actuales defensores de la reivindicación de los derechos de las minorías. Para Žižek lo verdaderamente importante es evitar a toda costa que gane el discurso de la ultraderecha.

Sin duda el enfrentamiento producto de un falso intercambio de tuits fue importante. Desde el afamado encuentro entre Noam Chomsky y Michel Foucault en 1971, cuyo tema fue “Condición de la naturaleza humana: justicia vs. poder”, no había tanta expectativa en el mundo del pensamiento moderno. Aunque estos dos pensadores sean marginados del ámbito académico formal, sus ideas ambientadas entre los tuiteros, canales de Youtube, en el caso de Peterson, y en documentales o películas de Žižek, los vuelven más mundanos, al decir de los puristas de la filosofía y el pensamiento. ¿Será que nos hace feliz volver al pasado?

Lo más claro del encuentro de estos dos mundos fue su repetida insistencia en no pretender utilizar la ideología de cada uno para plantear un nuevo rumbo político o social de la humanidad. Por lo menos en humildad algo hemos ganado.

Ese Viernes Santo en mis lecturas encontré dos frases. Una de Mark Twain: “Lo que nos mete en problemas no es lo que no sabemos, sino lo que creemos que sabemos pero no sabemos”. La otra, del primer periodista de la historia de la humanidad: “Porque al que tiene se le dará y le sobrará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene” (San Mateo: 25:29).

@pedroviverost

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