Por: Columnista invitado

El debut

El primer debut será el de Brasil. Anfitrión del Mundial más complejo de la historia, con estadios y aeropuertos arreglados a última hora, huelgas y gente protestando en las calles, elecciones presidenciales a la vuelta de la Copa y su selección presionada a sepultar el Maracanazo de 1950, parece demasiado.

El primero de los siete Mundiales que me ha tocado cubrir como periodista, el de Argentina 78, también fue complejo. Se jugó, sabemos, bajo la peor dictadura que sufrió mi país. La pelota usada para esconder la sangre. Los Mundiales vuelven ahora a una Suramérica en democracia. Pero Brasil 2014 expuso los límites del negocio. La pelota, inflada como los presupuestos de los megaestadios con futuro de elefante blanco, es usada ahora por todos. Y, a diferencia de Argentina 78, Brasil 2014 no es una historia de blancos o negros. Y el gris, sabemos, es un color cada vez menos transitado. El golpe bajo le ha ganado la batalla al análisis.

El segundo debut es el de Grecia. Su selección sabe que jamás podrá repetir el milagro de la Eurocopa de Portugal 2004, que ganó con apenas 7 goles, 49 remates y menos de un 40% de posesión. Marcas individuales y doble frontón defensivo. Síntesis de un fútbol avaro aún en su momento de gloria, aunque hoy ataque algo más.

Ese fútbol, que aún en la crisis actual tiene casi más diarios deportivos que equipos en Primera, será rival de Colombia, que vivirá su propio debut, el que más nos interesa, claro. ¿Servirá un buen debut para que la Colombia de Pékerman supere la hazaña de Italia 90? Si la primera fase abre chances claros, después, en cambio, todo aparece incierto, pero en absoluto prohibitivo.

No estará Radamel, el crack que más ayudó a esa distinción. Y el fútbol de toque y posesión perdió esta temporada ante los que privilegiaron la batalla y el contragolpe. Doble desafío para una selección que arriba a Brasil obligada a honrar su condición de cabeza de serie. Y su compromiso con el juego.

Ezequiel Fernáncez Moores*

 

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