El decano de la academia

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Diego Uribe Vargas vivió entre el derecho, la política y la docencia desde que obtuvo su título de abogado en el Colegio Mayor del Rosario, hasta que se retiró de su cátedra en la Universidad Nacional de Colombia, a finales siglo XX. Profesor universitario, gobernador de Cundinamarca, canciller, embajador, senador de la República, tratadista y doctrinante, Diego Uribe honra a la comunidad jurídica en Colombia, y a Colombia en el mundo.

Ya retirado de toda actividad, fue consagrado como miembro honorario de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, en ceremonia virtual que se cumplió la semana anterior. Había ingresado a ella en el año de 1964, a los 33 años de edad. Una década más tarde fue ascendido a miembro numerario, para lo cual presentó un trabajo sobre la ratificación de los Tratados públicos, que fue respondido por el académico Leopoldo Uprimny. Actualmente es el académico decano de la Corporación.

Tuve la oportunidad de conocerlo mientras yo cursaba estudios de derecho en la Universidad Nacional y él ejercía su cátedra de derecho internacional. Descendiente de estirpes de altos y nobles prestigios, enseñó el derecho con idoneidad intelectual, mientras con su ejemplo transmitía la costumbre de la democracia. En esos dos espacios, el científico y el cultural, cultivó el ideal de convivencia, sin perjuicio del pensamiento crítico.

Cuatro o cinco lustros después fue miembro de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Proyectó en sus trabajos la idea de que la política es el sustituto de la guerra, la paz una consecuencia necesaria del diálogo y la deliberación el procedimiento para consolidar el Estado de derecho, en país diverso en el cual necesitan caber todos. Sembró allí lo que consideró una semilla de paz, contenida en el texto del artículo 22 de la Constitución, que el propio Uribe redactó como constituyente.

Nació en el convulso tiempo de entreguerras, en la primera mitad del siglo XX. Vivió en función de la convivencia entre los ciudadanos de su patria y entre distintos estados del mundo. Ahora, desde la serena grandeza de su retiro de toda actividad, puede sentir la satisfacción inmensa de quien sirvió a su país con denuedo y a la academia con talento y sin reservas.

Como presidente de la Corporación que exaltó a Diego Uribe Vargas a la dignidad de académico honorario, me permití expresar, en la ceremonia mencionada, algunos de los conceptos que incluyo en la presente nota. Además, el académico Enrique Gaviria Liévano se refirió a la obra de Diego Uribe y a sus logros como hombre público. El académico Juan Rafael Bravo Arteaga, a su vida limpia al servicio de los más altos valores. Así quiso la Corporación dejar impresa su complacencia institucional, en las nobles páginas de su historia centenaria.

@inefable1

* Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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