Por: Columnista invitado

El déjà vu económico

Al mejor estilo de un déjà vu económico, nos enfrentamos de nuevo al límite de tiempo impuesto por el Congreso de los EE.UU. para sobrepasar el techo de la deuda pública definida en mayo de este año.

Como ha pasado en otras oportunidades, el Congreso, a pesar de las diferencias políticas e ideológicas entre republicanos y demócratas, dio vía libre a aumentar el límite. Eso significa que la paradigmática nación del mundo podrá seguir endeudándose y gastando a manos llenas en su modelo de salud y similares.

Coincido entonces con el ministro de Hacienda colombiano, cuando reclama a la potencia del mundo mayor coherencia en su política macroeconómica. Es inaceptable que EE.UU. pregone en América Latina equilibrio y sostenibilidad fiscal, finanzas públicas ordenadas y estables y similares asuntos, cuando el mensaje que le entrega al mundo con sus propias actuaciones es todo lo contrario.

Este problema es el resultado de una cadena de gobiernos republicanos y demócratas que han venido incrementando su nivel de deuda pública respecto al PIB. En la administración Bush se arrancó con un 56,4% de deuda respecto al PIB y se termina en el 84,2% en 2009, mientras que en la administración Obama se sigue aumentando hasta llegar a más del 103%. La responsabilidad es entonces de un Estado que predica pero no aplica.

 Mientras tanto, los “paganinis” de este problema son las naciones del mundo entero, y en particular los países en desarrollo, que ven cómo sus monedas fluctúan de manera descontrolada, sus bolsas se mueven erráticamente y en general se viven momentos de alta incertidumbre económica.

Incoherencias como estas se quieren presentar como un problema de abuso de uno de los dos partidos de gobierno, cuando en realidad suponen problemas de manejo fiscal, por exceso de gasto (el caso demócrata) o por exceso de concesiones en beneficios tributarios (el caso republicano) y un desafortunado manejo político entre el Gobierno y el Congreso. El resultado es ya una estimación de una inevitable reducción del crecimiento del cuarto trimestre en por lo menos 0,3 puntos porcentuales y el consecuente deterioro en el empleo, que llevará a que el modelo Bernanke de estímulo monetario no se pueda desmontar.

 Como han señalado los expertos, a cualquier nación la afecta sensiblemente un manejo político inadecuado, que tiene severas repercusiones económicas. El costo de la política mal concebida es muy complejo para el PIB de una nación.

¿Será posible que alguien les enseñe a los líderes norteamericanos que el desgaste y pulso político puede arruinar una economía y de paso la del mundo entero?

El camino a seguir es más difícil, para no repetir lo que sucedió en mayo y ahora en octubre. Se necesita una política macroeconómica más ordenada, menos estados fallidos de bienestar, menos incentivos tributarios a unos u otros amigos y una consigna de más orden fiscal.

DE POSTRE: Curiosa decisión la de la Academia Sueca de las Ciencias en Estocolmo, que reconoció con el Premio Nobel en Economía a dos personas que piensan radicalmente distinto en cuanto a las “burbujas financieras”. Mientras Robert Shiller es un conocedor y experto en ellas, el otro, Eugene Fama, cree que las burbujas no existen. ¿Al fin qué?

* Rector del CESA

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