Por: Mario Méndez

El delito de solidaridad

¿Se buscaba un contraste entre la palabra de Francisco en las avenidas de Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, y la actitud policial ante la presencia de Liz Bueno y sus colaboradores para obsequiar una comida? Perfecto. Se consiguió.

Cuando el papa Bergoglio pernoctaba en Bogotá por última vez en su visita a Colombia, un piquete motorizado de la Policía perseguía a una joven señora que tiene la sensibilidad y el coraje necesarios para ayudar a unos seres humanos que por mil razones pueblan nuestra ciudad en su condición de marginados. No es el momento de buscar las raíces sociales y personales para comprender la presencia de estos compatriotas en las calles capitalinas.

Cualesquiera que sean los factores que generan este fenómeno, ahí están en su desgracia, abandonados y “dejados” –dirá alguien con ligereza–, y ante este problema social aparece una señora que reúne unos recursos para preparar comida y llevárselas a esos necesitados, y hasta piensa en los perros que los acompañan y que también tendrán una ración de alimento.

Aunque en el fondo no estamos de acuerdo con la caridad como camino para la solución de este tipo de desajustes, por considerar que el Estado es quien tiene la obligación de velar por el bienestar ciudadano, pensamos que las urgencias del desvalido no dan tiempo para esperar que la organización social y política se reestructure, lo cual implica poner a andar un diferente modelo de sociedad, más humano, más pensado para los ciudadanos todos.

En las discutibles justificaciones para impedir que Liz entregara sus amorosas viandas, al parecer se habla del nuevo Código de Policía. Habrá que mirar con detenimiento lo que plantea el texto de este regulador de la conducta ciudadana, pero sospechamos que todo es asunto de trámite, de gestión previa, lo cual se puede obviar con voluntad política y evitando que la Policía aparezca como desalmada, que eso es lo que surge de escuchar a la señora Bueno… y buena por su carácter filantrópico, desde luego.

Se dice que Francisco deja muchas enseñanzas en su paso por el país. Aun dentro del espacio de quienes no profesan una militancia religiosa o asumen una forma de pensamiento diferente de la del papa, el fenómeno Pacho ha causado admiración y hasta asombro. No se esperaba que en la oleada de cambios en el Vaticano que comenzó con Angelo Giuseppe Roncalli, el pontífice Juan XXIII, se llegara hasta lo que muestra el actual obispo de Roma. Y pienso que, frente al caso que nos ocupa en esta columna, de haberlo sabido Francisco no fuera extraño que saliera a la calle a impedir el atropello contra una expresión de altruismo.

En fin, en menos de una semana tuvimos dos experiencias contrapuestas: en un primer cuadro, Jesús repartiendo bondad por Jerusalén; en el segundo, la gendarmería del Imperio Romano persiguiendo allí al hijo de José y María y sus apóstoles. ¿Será imposible que el espíritu de Francisco se abra paso o seguiremos siendo tan duros, ¡tan duros!, ante las necesidades ajenas?

Ñapa. Hagamos compatibles el Código de Policía y la entrega de un plato de comida.

* Sociólogo, Universidad Nacional.

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