Por: Juan Carlos Gómez

El derecho al mejor plan

Para bien y para mal nos convertimos en seres digitales, algo que era impensable hace apenas veinte años. Antes, para comunicarnos y estar informados sólo había que pagar por la telefonía local y de larga distancia, servicios que, a propósito, eran bastante costosos dadas las ineficiencias de los operadores, las cuales —impunemente y sin consideración— se les trasladaban a los usuarios.

Hoy en día, el valor de la canasta de consumo por el derecho a comunicarnos y a recibir información se multiplicó por cuatro. Internet, telefonía móvil, televisión por suscripción y plan de datos eran rubros que no existían y hoy pesan considerablemente en la economía doméstica.

Para la mayoría de las personas la vida cotidiana es imposible sin estar conectados a la red. Esos seres digitales se convirtieron en consumidores más o menos frenéticos asediados por la oferta multiplay. Ofertas de minutos gratis, teléfonos inteligentes, cientos de canales, banda ancha, meses gratis.

Las ofertas resultan infinitas y difícilmente comprensibles para el consumidor promedio, víctima de lo que los académicos denominan asimetría de la información.

La perversión de la competencia por los suscriptores es que los que no se cambian y permanecen fieles por años enganchados a un mismo operador son tratados como si fueran mensos. Al usuario fiel atado al mismo plan de hace años no le ofrecen el que sí pueden disfrutar los nuevos suscriptores.

Las autoridades de vigilancia y regulación de las telecomunicaciones, así como las de protección de los consumidores, están en mora de reconocer un nuevo derecho: el derecho al mejor plan.

El reacomodamiento al último plan más favorable en el mercado no tendría ningún inconveniente en aplicarse. ¿Acaso no vivimos en la era de los algoritmos? Fácilmente, y de manera automática, podríamos ser beneficiarios del mejor plan de telecomunicaciones disponible.

Lamentablemente, en el caso de la televisión por suscripción ese reacomodamiento al mejor plan en muchos casos es imposible. En las copropiedades multifamiliares, los ductos son insuficientes o ya están atrapados por el primer operador que conectó la edificación y bloqueó a sus competidores. Las autoridades conocen desde hace años esa práctica en contra de la competencia y no han hecho nada efectivo al respecto.

@jcgomez_j

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