Por: Jorge Tovar

El derecho del deportista a estudiar

Mientras el mundo se sorprende con Ansu Fati, el jovencísimo crack de Barcelona por sus escasos 16 años, en Colombia celebramos la aparición de Linda Caicedo. La joven de América de Cali, de 14 años, fue goleadora de la Primera División del fútbol femenino en nuestro país, otro motivo de orgullo para el deporte colombiano en este glorioso 2019. Pero estuvo tres meses sin asistir al colegio. Inaceptable.

Leyendo sobre la joven perla me encontré con tristeza una nota que decía, entre líneas de elogio, que “no acude al colegio hace tres meses por sus compromisos deportivos”. Históricamente el deportista fue una persona de origen humilde, sin estudios y su puerta al futuro pasaba por el éxito en el campo deportivo. Historia, allá debería quedarse tal estereotipo.

Por supuesto no sé si la niña ha seguido estudiando o simplemente dejó de hacerlo. Lo que sí sé es que en pleno siglo XXI nuestros atletas no pueden repetir errores del pasado. Podría citar decenas, cientos, casi miles de deportistas que después de tocar la gloria, el destino dejó de sonreírles. Mejor prefiero nombrar algunos ejemplos de aquellos que no sólo estudiaron el bachillerato, sino que incluso fueron más allá. Porque terminar el bachillerato es el paso intermedio mínimo para que una vez finalizada la carrera puedan orientar su vida a una etapa productiva con perspectivas de largo plazo. En los países desarrollados el estudio es parte fundamental de la formación deportiva. Víctor Valdés, exarquero de Barcelona, acaba de ser despedido como entrenador del Juvenil A, un equipo compuesto por jóvenes que ya cobran sumas interesantes de dinero. Uno de sus pecados fue cambiar el horario de entrenamiento. Ello dificultaba a los muchachos cumplir con su obligación escolar. Los padres se quejaron. En Barcelona, de lo más grande del deporte mundial, los padres, el club, los mismos jugadores, entienden que hay que seguir yendo a las aulas.

Decía que mejor nombrar ejemplos de aquellos que fueron más allá. En Colombia recordamos a Francisco Maturana y Edwin Congo, ambos odontólogos, aún siendo profesionales de primer nivel. En España siempre me llamó la atención el caso de Emilio Butragueño, la mega estrella de Real Madrid en los años ochenta. Su evidente dedicación de tiempo completo al fútbol no fue obstáculo para que cumpliera con los requisitos para graduarse de economista. Una vez se retiró, estudió gerencia de entidades deportivas en la Universidad de California, Los Angeles (UCLA). Hoy, y hace varios años ya, es un alto ejecutivo del cuadro merengue. Más recientemente, Nicolás Vikonis, arquero del Millonarios campeón en 2017, estudió sicología gracias al impulso de su padre aún cuando ya era un joven que despuntaba en el fútbol uruguayo.

El caso de Linda no es único en Colombia. Es un problema que debe superarse. Pero en su caso, América debió ponerle un profesor. Dejarla sin estudiar debería dar para sanción.

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2019-10-14T21:04:49-05:00

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