Por: Columnista invitado

El desafío de la inclusión

En líneas generales, las principales directrices que guían la intervención educativa en el centro y en el aula desde los fundamentos de la Educación Inclusiva implican que los centros escolares han de hacer frente a retos como:

• En primer lugar, para que este modelo se haga efectivo de una manera eficaz, es necesario que exista un compromiso político acompañado de legislación y normativas educativas que lo sostengan, así como medidas que garanticen el cumplimiento de éstas.

• Es preciso que en la escuela se desarrollen Proyectos Educativos coherentes con el planteamiento inclusivo, que fomenten el sentido de comunidad y propicien una intervención educativa efectiva.

• El aula se constituye como “la unidad básica de atención”, y en ella, se han de fomentar redes de apoyos a través de distintas estrategias y procedimientos como: sistemas de aprendizaje o de tutoría entre compañeros, sistemas de aprendizaje en grupo cooperativo, enseñanza en equipo formado por profesor y alumno, adaptaciones y materiales de apoyo para todos los alumnos, la Intervención y la participación de los alumnos para mejorar la eficacia docente, entre otras

• Es necesario diseñar y articular un currículum amplio y flexible, que permita responder a las necesidades y demandas educativas de todos los alumnos y alumnas, sin necesidad de ser adaptado a una “norma definida de antemano”. En este sentido, el propósito consiste en generar situaciones de aprendizaje donde todos puedan participar, y responder tanto a las necesidades de todos los alumnos como a los objetivos generales planificados.

• Los procesos de evaluación también han de ser flexibles y estar definidos como instrumentos que permiten valorar el avance del alumno y el proceso de enseñanza-aprendizaje, más allá de servir como meras herramientas de calificación y selección.

• El rol del docente ha de ser el de promotor del aprendizaje y de apoyo, ya que el principal protagonista del proceso es el alumno, con y sin discapacidad.

• Fomentar un modelo de trabajo cooperativo, donde la colaboración interprofesional, el aprendizaje cooperativo y la participación de la comunidad permiten consensuar decisiones y avanzar de una manera efectiva en la educación de todos. Con el fin de desarrollar el sentido de comunidad, es importante potenciar la participación activa de los padres y otros agentes externos a la escuela.

Como se puede observar, la puesta en práctica de los planteamientos de la Educación Inclusiva exige una renovación no sólo pedagógica, sino también institucional, además de un compromiso con el cambio por parte de todos los implicados en la comunidad educativa. En definitiva, trabajar conjuntamente con el fin de crear un espacio educativo que rompa los muros de la escuela y en el que TODOS tengan cabida y pueden desarrollarse plenamente, en igualdad de condiciones.

 

*Maria del Pilar Sánchez / Profesora Facultad de educación Universidad Complutense de Madrid

 

 

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