Por: Eduardo Sarmiento

El desbordamiento del desempleo

La información divulgada en la última semana sobre desempleo y balanza de pagos confirma el diagnóstico que hemos venido haciendo en forma reiterada desde hace cinco años. La economía es materia de un diagnóstico que la está conduciendo al abismo. Primero, el desempleo es la consecuencia de rigideces que colocan el salario por encima de la productividad. Segundo, la balanza de pagos es regulada por la modalidad de tipo de cambio flexible; la escasez de divisas da lugar a alzas del tipo de cambio que la corrigen. Ambos aspectos, que aparecen en los libros de texto como verdades absolutas, no se cumplen en la economía colombiana. En los últimos 10 años, el salario se ha ajustado por debajo de la productividad. La tasa de cambio no tiene ninguna capacidad para corregir un cuantioso déficit en cuenta corriente proveniente de una estructura comercial de baja demanda externa.

Este resultado es la consecuencia de políticas adoptadas durante dos décadas por administraciones que se resisten a reconocer la realidad y ocultan los insucesos. Como ocurre con los errores económicos que no se corrigen y se persiste en mantenerlos, en algún momento terminan siendo arrasados por los hechos.

El origen de la crisis de la economía es el monumental déficit en cuenta corriente causado por el fracaso de la apertura económica, los TLC y el tipo de cambio flotante. La inundación de importaciones desplazó el empleo. Luego, la caída de los ingresos del trabajo provocó una fuerte contracción de la demanda que redujo la producción y el empleo. Se configuró un círculo vicioso en el cual la reducción de la producción y el empleo se refuerzan en forma ascendente. La economía entra en un proceso de caída libre que no puede contrarrestarse con los instrumentos fiscales y monetarios convencionales.

Lo anterior tiene una clara manifestación en la macroeconomía más elemental. El balance entre el ahorro y la inversión se quiebra. El exceso de ahorro mantiene la producción y el empleo por debajo del potencial y torna ineficaces las políticas convencionales de tasa de interés y déficit financiados con título de ahorro, y más, presiona el salario por debajo de la productividad. La economía está condenada a un cuantioso y creciente déficit en cuenta corriente, el desbordamiento del desempleo que comprime el salario de los grupos de ingresos medios, y alto riesgo de caída.

Todo esto se veía venir. Nuestras advertencias del fracaso del modelo no tuvieron mayor receptividad en los centros influyentes. El disparo del desempleo y de la tasa de cambio son insuficientes para que se entre en razón. No habido forma de que se entienda que una economía en que el empleo desciende a 2,5 %, la tasa de cambio se dispara, el déficit en cuenta corriente supera el 5 % del PIB y las matrículas de las universidades privadas se desploman, el producto nacional no puede crecer por encima de 3 % y el consumo de 4,5 %.

En fin, el desempeño de la economía es el resultado de un desajuste estructural de la balanza de pagos que no puede corregirse con la receta trillada del tipo de cambio. La devaluación aumenta la inflación y baja el salario real y no afecta considerablemente las importaciones y las exportaciones. Por su parte, el Banco de la República carece de medios para contrarrestar los daños de la balanza de pagos sobre la producción y el empleo. No hay más opción que pasar a una modalidad de cambio fijo ajustable, sustituir la autonomía del banco central para regular la tasa de interés por la coordinación con la política industrial, alejarse de la minería y proteger la industria y la agricultura.

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