El desinfectante como anticonceptivo

Llevamos un par de días recibiendo memes de personas tomando copitas de Fabuloso y cocteles de Clorox. Algunos líderes políticos, entre ironía y desespero, se han manifestado públicamente instando a que, por favor, nadie ingiera desinfectantes para prevenir el coronavirus. Lo mismo están haciendo las compañías de detergentes. La intervención de Donald Trump donde sugiere inyectar detergente para limpiar el cuerpo transgredió sin duda los ya quebrados límites de la sensatez y la cordura. Sin embargo, así a muchos nos haya indignado el exabrupto, no es la primera vez que hemos recurrido a los productos de limpieza como política de salud pública.

De hecho, durante el siglo XX, uno de los anticonceptivos más recomendados eran las duchas de desinfectante. Las mujeres que no tenían la posibilidad de acceder a los métodos de anticoncepción aprobados recurrían a los que tenían a la mano. Además, las duchas eran mucho más baratas que los condones y los diafragmas y se publicitaban como productos efectivos de higiene vaginal. La marca de desinfectante Lysol, que contenía cresol, se vendía como un producto “femenino y delicado” que servía como anticonceptivo. Poco se enfatizaba que podía causar “inflamación, ardor y en algunos casos la muerte”.

En su investigación sobre anticonceptivos en Estados Unidos, Andrea Tone cita un “estudio” realizado en 1933 en el que se sigue a 507 mujeres que usaban duchas como anticonceptivo. El estudio concluye, no sé muy bien cómo, que durante el tiempo de observación sólo la mitad de las mujeres quedaban embarazadas. La pregunta: ¿acaso a las otras 250 mujeres del estudio el Lysol les estaba sirviendo de anticonceptivo? Y, solo por curiosidad, ¿qué pasaba con las que se intoxicaban e irritaban?

La pandemia ha hecho que nuestras redes sociales y medios de comunicación estén llenos de “estudios” sobre el virus. No solo se deja a políticos irresponsables especular sobre las posibles curas, sino que los medios presentan como “hallazgos científicos” unas investigaciones con muy poco muestreo y sospechosa metodología. Entre lo que hemos tenido que vivir, está el anuncio de que la hidroxicloroquina y el Remdesivir combaten el virus, ocasionando un par de muertes adicionales por su consumo y otras tantas indirectas por el acaparamiento innecesario de esos medicamentos. El último “hallazgo” que felices han compartido las redes es que la nicotina es efectiva contra el virus.

Sí, estamos en una emergencia mundial. Toda la información es aún más contingente y se está aprendiendo sobre la marcha. La información relevante cambia a diario y los pronósticos de ayer hay que ajustarlos mañana. Pero el hecho de que el conocimiento científico sea parcial y frágil no quiere decir que sea todo igualmente parcial y frágil. Hay estudios, además, que no producen conocimiento; no todo resultado ofrece información, no toda correlación ofrece causalidad, ni toda causalidad ofrece recomendación. Por eso importa mucho si el estudio ya está publicado, si está avalado por pares de otras instituciones, en qué revista está publicado, quién condujo el estudio y la forma en la que fue conducido. Sin esa información, no hay noticia. O, por lo menos, no una que tenga mayor estatus que la anticoncepción del Lysol.

 

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