Por: Juan David Correa Ulloa

El destino y los hombres

Un hombre que se encuentra o se pierde siguiendo el rastro de otro hombre: en eso pensé al cerrar El ruido de las cosas al caer, la más reciente novela de Juan Gabriel Vásquez, ganadora del Premio Alfaguara 2011.

Un hombre llamado Antonio Yammara, un hombre en el tránsito de madurar definitivamente que, por una serie de encuentros fortuitos, acaba despeñándose en una novela muy bien escrita, casi triste, melancólica en todo caso, sobre una época que hoy, gracias a la literatura, nos es devuelta.

Yammara es un profesor de la facultad de derecho de la Universidad del Rosario, en la mitad de su veintena,  un buen día, entre chicos de billar, conoce a Ricardo Laverde, un tipo con “el pelo del color de los ratones, piel reseca, uñas largas siempre sucias, que le daban el aspecto de enfermedad o dejadez, la dejadez de un terreno baldío”. Laverde y Yammara se convierten, por ese azar, en cómplices de una historia que, no bien avanza, va convirtiéndose en una demoledora trama sobre lo que somos como país. Laverde y Yammara compartirán un balazo: el uno morirá y el otro quedará vivo para contarnos su historia; una historia que, narrada dentro de una pensada y muy inteligente estructura, se convierte en una parábola de la generación nacida en los años setenta. Una generación que se hizo adulta con temor “mientras a su alrededor la ciudad se hundía en el miedo y el ruido de los tiros y las bombas sin que nadie hubiera declarado ninguna guerra, o por lo menos no una guerra convencional, si es que semejante cosa existe”; una generación que debió o quiso huir de una ciudad llamada Bogotá, insoportable a mediados de los noventa, tan parecida a la de hoy.

El ruido de las cosas al caer es una novela que puede leerse de muchas maneras: es una historia en clave de ciertos destinos que terminan por cruzarse dramáticamente, pero también una muy atenta metáfora de los bordes del narcotráfico que terminaron por incrustarse en la clase media, y aún más, es un tratado sobre los accidentes que cambian vidas, ciegan futuros, rompen existencias, crean amores inesperados. En ella, como en las mejores novelas, viven personajes con los cuales el lector se queda después de cerrar la última página: ese hombre llamado Antonio Yammara que después de recibir un balazo, ser herido, tener un hijo, termina encontrándose con sus fantasmas frente a frente, sin que pueda hacer nada para remediarlo; ese piloto algo arribista de nombre Ricardo Laverde; esa inocente muchacha convencida de la bondad de los Cuerpos de Paz norteamericanos, Elena Fritts, esa hija fruto de su amor con Laverde, Maya, y una decena de personajes que uno sigue buscando cuando llega la frase final.

Un estupendo libro que no necesitaba ser puesto en duda antes de ser leído. El ruido de las cosas al caer, Juan Gabriel Vásquez, Alfaguara.

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