"El joropo es la altanería del llanero": Cholo Valderrama

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Por: Salomón Kalmanovitz

El deterioro fiscal

NO SE ENTIENDE CÓMO EL GOBIERno decide reducir impuestos cuando presentará en 2011 un déficit de 4% del PIB, equivalente a $21,8 billones.

Pero eso fue precisamente lo que hizo al reducir los aranceles por más de un tercio de billón, lo que ha incidido en aumentar las importaciones, 56% en el mes de mayo frente al mismo mes del año pasado, agravando el déficit del país en su cuenta corriente.

Y no se entiende por qué el mismo gobierno ha apoyado dos iniciativas legislativas que pretenden alcanzar la sostenibilidad fiscal y un relativo equilibrio de las finanzas públicas. Hay que reconocerle que redujo el desangre fiscal provocado por las costosas exenciones del anterior gobierno, pero que resultaron insuficientes porque fueron blindadas por contratos de estabilidad jurídica.

El impuesto al patrimonio amplió su cobertura, pero aún así recogerá sólo el 0,4% del PIB en 2011. Los patrimonios de los ricos en Colombia están groseramente subvaluados o fuera del país, en los paraísos fiscales de Panamá e Islas Vírgenes, de tal modo que lo que declaran está por debajo del límite de mil millones de pesos. Para los lectores que no alcanzan a ese nivel, un apartamento de lujo en Bogotá o Medellín más un par de camionetas SUV lo superan fácilmente.

En esa devolución de impuestos falta por contabilizar el drenaje de las regalías, que son en su mayor parte ingresos de los municipios y departamentos, al encargarle a Ingeominas su recaudo y seguidamente debilitarlo. Se les ha permitido a las empresas mineras deducir de las regalías los gastos de “responsabilidad social” que lleven a cabo, los que tienden a ser publicidad positiva para las empresas que terminamos subsidiando los contribuyentes. Ahora que la DIAN se encargará del recaudo de las regalías sería una buena ocasión para acabar con todas estas deducciones de la renta minera que debería apropiar el país pero que están yendo a los bolsillos de las empresas, en especial las que vienen extrayendo oro a raudales.

Las zonas francas son otra vena rota para el fisco que no tienen ninguna justificación, según un estudio reciente del Banco de la República. En 2009, el costo fiscal de las zonas francas fue de $68.000 millones, pero incumplieron todos los compromisos de creación de empleo y también los de inversión de capital: se crearon 6.400 puestos directos contra 35.500 prometidos, o sea que ¡cada puesto de trabajo le costó al fisco $10,6 millones!

Todas estas deducciones tributarias suman y en qué forma. El ingreso tributario del gobierno central será de sólo 12,6% del PIB en 2011, con una leve mejora frente a 2010, cuando recaudó 12,2% del mismo. En 2003 la carga tributaría alcanzaba el 14% del PIB, lo que cuantifica el daño causado por las políticas de confianza inversionista: una devolución de 2 puntos del PIB a los ricos, $10,8 billones de hoy. Eso explica el entusiasmo que expresaron por la administración Uribe los gremios de la producción y del comercio y su preocupación por las tímidas medidas del gobierno Santos, que a la fecha son claramente insuficientes.

La corrupción tampoco ayuda. Un billoncito en la DIAN, otro en la salud, otro en educación, más la contratación de obra pública elaborada para robar, han sido permitidas y alentadas por el desmantelamiento del Estado regulador. No sólo se debilita el Estado, sino que se dejan de hacer muchas cosas y las que se hacen quedan mal hechas o no se terminan.

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