Por: Óscar Alarcón
Macrolingotes

El día en que Álvaro Gómez pudo ser presidente

Excelente el libro de Juan Esteban Constaín, Álvaro: su vida y su siglo. Es un recuento histórico-político de nuestro siglo XX con la figura principal de los Gómez. Llama la atención que una persona tan joven, como el autor, conozca tan bien esos años y haya consultado las fuentes que le permitieron reconstruir tan convulsionadas épocas. Hay que destacar la buena prosa, adornada con un humor que es tan escaso en nuestros historiadores. Jamás fui alvarista y mucho menos laureanista. Nunca voté por el primero y, antes por el contrario, lo combatí en trabajos de prensa. Pero eso no me eximió de respetarlo como político, pensador y periodista, y además reconocer su transformación ideológica en sus últimos años. De Álvaro Gómez no fui elector sino lector.

No pudo ser presidente porque el país no olvidó su pasado, a pesar de que su amigo Alberto Casas lo llama “expresidente”. Sin embargo, estuvo a punto de serlo cuando al presidente Betancur se le practicó una operación de apéndice en la Fundación Santa Fe. Se le puso anestesia general para el procedimiento. Cuando a una persona se le aplica, queda desconectada. Esto es muy distinto de cuando se duerme, momento en el cual los sentidos están inactivos o en suspenso, pero la sensibilidad no se ha perdido. La persona está predispuesta a reaccionar.

¿Hubo entonces vacancia presidencial cuando el presidente Betancur estuvo bajo los efectos de una anestesia general? ¿Habría sido necesario llamar al designado Álvaro Gómez para hacerse cargo del poder? Eso me preguntaba yo en una columna, en este mismo diario, el 31 de enero de 1983, días después de la operación al jefe del Estado.

Luego de muchos años, sigo pensando que sí. Habría sido la oportunidad de que Álvaro Gómez hubiera llegado a la Presidencia, sin los votos que siempre le faltaron. Pero Betancur no lo quiso, porque Álvaro Gómez no era de su apéndice.

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