Por: A Mí También

El día que fui juzgada por tener una caja de anticonceptivos en el bolso

Por Manuela *

Me propuse no repetir la historia de mi mamá y de las mujeres de mi familia, quienes quedaron embarazadas y se casaron muy jóvenes. Crecí viéndolas tristes y sometidas a una vida muy fea. Así que empecé a trabajar a los 14 años. Después, con mis propios ahorros, pagué mi carrera profesional. Fui una estudiante aclamada. Me gané una beca, me inscribí como voluntaria en proyectos sociales, trabajé como asistente académica y viajé por todo el país con apoyo de la universidad.

Faltaba solo un mes para graduarme y estaba muy emocionada porque, gracias a mis buenos resultados en el pregrado, me gané una nueva beca, esta vez para mi maestría. Me siento muy orgullosa de todo lo que he conseguido.

El problema es que, para muchos, mis victorias son solo resultado de “regalitos” que tienen amigos y profesores conmigo, pues según ellos, yo les hago “favorcitos”. Dicen que me dieron la beca por las “ayuditas manuales” que le daba al decano en su oficina todas las mañanas. La gente habla mucha paja, ni siquiera saben que el tipo es gay.  Mientras hacíamos los informes de gestión y las actas de los consejos académicos, me contaba de sus noches locas en Theatron.

A mí me encanta salir de fiesta y a veces decido emborracharme hasta perder la cabeza. También me han dicho puta por eso y por acostarme con el chico que me gusta, cuando yo quiero. No saben que muchas veces yo soy la que paga toda la cuenta.

Luego de cinco años escuchando lo mismo, creí haberme acostumbrado, pero faltaba la cereza del pastel: mi abuela estaba de visita y yo llegaba de una cita médica con mi ginecólogo. Por distraída, puse mi bolso en la mesa y mis tías y mi abuela vieron que tenía una caja de pastillas anticonceptivas.

Se armó el peor escándalo de la historia en mi casa.  Me recriminaron, preguntando que yo qué hacía tomando eso si no tenía pareja, que si era como las vecinas regaladas que andaban dándoselo a todo el mundo, que me iban a prender una enfermedad venérea, que si ese era el ejemplo que ellas me habían dado.

En ese momento me salí de los chiros y llena de enojo les grité que no quería ser una mujer sumisa a la que le dan en la jeta y le dictan cómo vestirse. Les dejé claro que yo no quería ser una sometida a la que obligan a hacer dieta porque el marido no quiere “una marrana” a su lado. Todo lo que yo veía que eran las mujeres de mi familia, incluida mi mamá, quien había sufrido de mucha violencia de mi papá durante toda su vida.

No paré de vomitar palabras hasta que, llena de lágrimas, les pedí perdón por decir cosas hirientes, pero les aclaré que no iba dejar de ser lo que soy solo para que ellas se sientan a gusto.

La gente no entiende que no deseo una relación formal, que un novio no es una necesidad para mí en este momento. Simplemente, me gusta tener sexo y no quiero cohibirme de las cosas que puedo y quiero hacer.

***

Comentario de Luz Janeth Forero, Gerente de Proyectos e Investigaciones de Profamilia

La posibilidad alcanzada por las mujeres de usar métodos anticonceptivos, fue decisiva en la lucha por la igualdad de derechos, al darnos la capacidad de decidir libremente sobre nuestros cuerpos, cuándo, cómo y con quién tener relaciones, planear la vida reproductiva y evitar embarazos no deseados, que, como es el caso de esta historia, podrían frenar  el desarrollo humano, económico, político, social y cultural de una mujer.  

Es importante que las mujeres ya sean niñas, adolescentes, jóvenes o adultas, puedan sentirse cómodas en los diferentes ámbitos de la vida social y en especial dentro de sus familias, para tomar sus propias decisiones, sobre la vivencia de su vida sexual y reproductiva, incluida la maternidad, dejando de lado estereotipos que asocian la anticoncepción con la promiscuidad, cuando al contrario,  esa es la máxima expresion de la responsailidad y el poder de la mujeres en el control de sus vidas.

* Manuela es un seudónimo y, por petición suya, los nombres de los involucrados fueron omitidos.

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La ilustración fue realizada por La Ché, síguela en Instagram.

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El día que fui juzgada por tener una caja de anticonceptivos en el bolso

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