Por: Iván Mejía Álvarez

El diez

Todavía quedan algunos, es cierto, pero el fútbol de hoy los ha ido eliminando.

Los pocos que todavía logran sobresalir y ganarse un puesto en las pesadas maquinarias, llenas de orden táctico, transiciones, bloques cortos de presión, son vistos como raras aves en el fútbol automatizado que se juega hoy en la mayoría del mundo.

La Copa América tiene pocos cultores del puesto. Ese que en Inglaterra llaman el “play maker”, el que hace juego, en Italia lo denominan “il reggista” o en otros lados lo denominan el “armador”. El nombre para el caso es lo de menos, porque en general todos terminan denominándolo simplemente con el nombre genérico de “el diez”. Tal vez porque esa camiseta con ese número lo vistieron nada menos que Pelé y Maradona, a quienes se reconoce como los mejores exponentes de la posición en la historia del fútbol.

El 4-4-2 prácticamente lo eliminó y a los dos volantes centrales les entregaron la enorme obligación de sacar a los equipos desde la mitad del campo. En el desdoblamiento ofensivo de ese módulo, configurado en un 2-3-1, el volante del medio intentaba ser el creador. Así, por lo menos, lo entendió Holanda con Sjneider como patrón del armado.

La Copa América no es la excepción y el puesto, con el rótulo incluido, se lo han dejado a otros jugadores. Un rápido recorrido muestra que Arango en Venezuela es más un volante externo que llega en diagonal hacia el medio, que un repartidor de juego. Paraguay tiene cuatro “tractores” en la media cancha y Estigarribia por la izquierda y Ortigoza por el medio intentan mezclar con los de arriba, pero no cumplen con los preceptos del “diez”. Los de Martino hace rato abandonaron esas ideas, lo mismo que los uruguayos donde Forlán intenta tirarse unos metros atrás ante la incapacidad de Pérez-Pereira-Lodeiro-Arévalo para llevar esa pelota arriba.

En Colombia, Perú y Ecuador se juega mucho más con los volantes externos que con el clásico “armador”. Los técnicos abandonaron la idea y prefieren jugar por fuera en transiciones veloces.

Diez clásico es Ganso, el brasileño, quien parece pesebre navideño, tira un buen pase y se apaga durante quince minutos. No podría decirse que el longilíneo centrocampista del Santos sea el guía o el faro del “scratch”. Diez clásico también es el ‘Mago’ Valdivia, generoso talento que regala pases medidos con tiralíneas. Hasta el mismo Matías Fernández en la Roja juega y hace jugar.

Encasillado como “falso nueve” en el Barcelona, Messi jugó contra Costa Rica como volante de armado y fue una delicia verlo meter pases gol. Se cansó de ponerles la pelota limpia al Kun, Higuaín y Di María, y hasta Lavezzi tuvo un servicio suyo. Unos aprovecharon sus pases, otros ni se enteraron.

Una inquietud: el diez murió de muerte natural por los sistemas modernos, lo mataron los técnicos o como algunos animales se convirtió sencillamente en una especie en extinción.

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