Por: Tatiana Acevedo Guerrero

El diluvio de Jair Cortés

Jair Cortés, miembro del Consejo Comunitario del territorio de Alto Mira y Frontera, en el departamento de Nariño, fue asesinado este martes. En el duelo que le sigue a la pérdida cabe recordar sus interpretaciones sobre los problemas de las 22 veredas que conforman el Consejo. Surgidas del día a día del liderazgo local y la experiencia en la acción colectiva, sus ideas echan luz sobre los dilemas nacionales que asoman.

En una entrevista concedida hace poco al proyecto Crónicas Desarmadas, el líder hizo tres análisis sobre su trabajo y su región. El primero fue sobre el pasado reciente, la usurpación de tierras y el movimiento de palma y coca. Tras una tradición de arroz, plátano, yuca y cacao, vino la palma de aceite y el territorio quedó cundido. Desplazamientos forzosos en territorios de comunidades negras durante la arremetida paramilitar fueron aprovechados por empresas palmeras. Problemas con la prosperidad de la palma coincidieron con el Plan Colombia y las fumigaciones masivas del gobierno Uribe. Luego de perder sus cultivos de coca, en Putumayo y Caquetá, colonos se movieron a Nariño. “Llegó la mata de coca y la gente se puso fue en la coca”, relató Cortés.

El segundo análisis fue sobre la desconfianza de las comunidades en el Estado. Cortés explicó que, pese a la fertilidad de la tierra, no hay ni hubo nunca vías para sacar los productos. “Mire, el plátano acá se da muy bien. El cacao se da bien. Pero es lo que siempre le hemos pedido al Estado y al Gobierno, que tenga las vías de acceso para poder sacar los productos y para la comercialización”. Una de las ventajas de la coca en lo que concierne a vías es que la hoja no se pudre con los días y es fácil de vender. El Estado que no llegó con vías, llegó en cambio por el aire, fumigando en helicóptero con glifosato. Las fumigaciones quemaron las siembras de coca y los cultivos que la rodeaban. Con la regulación de la economía a manos de ejércitos, las veredas con cultivos de coca aprendieron a temerles tanto a los ejércitos legales como a los ilegales.

El tercero, más que análisis, fue un barrunto. Un presentimiento sobre un futuro peor que el presente. “El futuro que se viene está más enredado que lo que está”, explicó. “Porque ahora hay más riesgos, porque antes había un control, ahora el que quiera entra y es el riesgo más grande que hay”. Con la desmovilización de las Farc, que regulaba y conocía la zona, son varios los grupos que se disputan el control y las rutas en el río Mataje. Están las cuadrillas que se dicen disidentes de las Farc, el clan del Golfo y se ha reportado la presencia de hombres del cartel de Sinaloa. La Defensoría del Pueblo señaló el surgimiento de un grupo contra sustitución en las cuencas de los ríos Mira, Nulpe y Mataje. Y en Chocó se mantienen activas las Autodefensas Gaitanistas.

Cortés no se mostraba pesimista sólo por el panorama criminal. Su desencanto con el Acuerdo de Paz provenía de la debilidad de los programas de restitución. Pese a que el Acuerdo anunciaba que la sustitución voluntaria sería priorizada sobre la erradicación forzada, comunidades y autoridades en el sur y el Catatumbo denuncian lo contrario. Uno de los funcionarios del programa de sustitución lo resumió: “La erradicación forzada tiene todo el dinero del mundo y es apoyada por Estados Unidos, mientras que la dirección de la Sustitución de Cultivos de la Alta Consejería para el Posconflicto tiene 60 funcionarios en todo el país”.

Sobre lo mismo Jair Cortés advirtió: “Si hay la sustitución la gente está de acuerdo, pero si van a venir a hacer la sustitución forzosa, si van a venir con cooptaciones, se va a volver todo un diluvio. Porque la gente no está en las condiciones de dejarse quitar lo que los está sosteniendo”.

 

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