Por: Rodrigo Lara

El dinero escruta y elige

En América Latina ya no se dan golpes de estado manu militari, como ocurrió con tanta frecuencia durante el siglo XX.

Sin embargo, esto no quiere decir que hoy no se utilicen vías de hecho para llegar y mantenerse en el poder. El balance de las elecciones presidenciales en Venezuela y lo que ocurre aquí cada cuatro años en la elección de congreso, muestra que en ambos países se accede al poder con soterradas vías de hecho, diseñadas para no reñir con la apariencia de legalidad que exhiben nuestras democracias.

En Venezuela hubo elecciones presidenciales y millones de personas salieron a votar. Se respetaron las formas legales y, en apariencia, se trató de unas elecciones democráticas. A pesar de que todo parece ajustarse a los procedimientos democráticos, el mundo constató la forma en que se utilizó el presupuesto del Estado para ganar las elecciones. ¿Acaso, instrumentalizar el Estado con fines políticos y traficar con la pobreza de la población, no es una vía de hecho? ¿No es esta una forma de torcerle el pescuezo al espíritu de la democracia?

En nuestro país, las campañas al congreso están arrancando. En una lista tradicional, el simple ciudadano que quiera llegar al Senado debe competir por escasos cien cupos contra Senadores que invierten entre dos mil y cinco mil millones de pesos o mucho más en algunos departamentos de la costa.

Si esa persona quiere acudir estrictamente al voto de opinión para diferenciarse de esas costosas maquinarias, tiene la opción de pautar en las emisoras de mayor audiencia para explicarle al oyente de opinión que para votar por él debe marcar el logo de un partido y un número y no su nombre. Un paquete de cuatro cuñas diarias de 30 segundos puede costar alrededor de quince millones de pesos diarios en una emisora prestigiosa; hacerlo en tres de esas emisoras, los últimos 10 días de campaña, le cuesta a esa persona cuatrocientos cincuenta millones de pesos…. Sin contar con lo que vale sacar un avisos en medios escrito de circulación nacional.

Los controles electorales de una democracia seria existen, formalmente, tanto en Venezuela como en Colombia. En ambos países hay elecciones libres y cualquiera puede presentar su nombre a un cargo de elección popular. Los dos países también cuentan con un Consejo Nacional Electoral, encargado de velar por la transparencia de los comicios y de vigilar que no se violen los topes de financiación de campañas.

Sin embargo, son las estructuras reales de poder, financiadas esencialmente con el presupuesto público, las que eligen a la mayoría de los políticos en ambos países, en donde las autoridades electorales parecieran no estar diseñadas para controlar y vigilar, sino para bendecir los resultados obtenidos con las vías de hecho del dinero. Y cuando las estructuras de poder y sus maquinarias son derrotadas por la voluntad popular libre, esas mismas autoridades electorales se han encargado en muchos casos de escrutar para que eso no ocurra, tal como parece haber sucedido este domingo en Venezuela.

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