El editorial

Me pareció muy oportuno y pertinente el editorial del 11 de julio. Ese es el punto: ¿Cómo hacer para que la reforma a la justicia trascienda la coyuntura? Que no termine minimizada y subordinada a la “reconciliación” entre la Corte y el Gobierno.

El enfrentamiento entre poderes debe integrar la agenda de la reforma pero no agotarla. Esto no puede ser tratado como una desavenencia personal. Es una contradicción institucional que compromete la independencia, virtud de los poderes públicos.

Tampoco puede ser exclusivamente para reformar el juzgamiento a los congresistas. Me parece que debe empezarse a discutir los contenidos a que debe corresponder, en clave de fortalecimiento y competitividad del Estado, como lo sugiere el editorial, por todo lo que ello implica en el plano internacional para el desarrollo propio y la confianza en el país. Sugeriría que El Espectador convocara un foro de un día entre académicos, Gobierno, Poder Judicial, directores de medios y miembros de la sociedad civil donde debatieran el contenido, alcance, medios, procedimientos de concertación, etc., de la reforma.

Fernando Arboleda Ripoll. Bogotá.

¿Acomodarse o perseverar?

Leí dos veces el artículo de Francisco Gutiérrez, ‘Desafío’, en El Espectador (julio 11-08),  con verdadera fruición politológica (¡encuéntresele apropiado sentido a esta expresión, como yo a su magnífica reflexión!)

 No sólo estoy de acuerdo en que AUV está impulsando un modelo propio, cuya identidad está por definirse (¿fascista?, ¿neopopulista?, ¿populista de derecha?, ¿neoliberal?, ¿fujimorista?, etc.), en todo caso “modelo”. Con todas las dificultades que la estructuración de este concepto tiene y todas las peligrosas aristas que entraña el periplo desinstitucionalizador del Gobierno.

Sin duda hay que advertir en Colombia eso que Albert O. Hirschman decía: toda sociedad aprende a vivir con cierta cantidad de tal comportamiento antifuncional o malo. Pero no se trata de “acomodarse”, sino de perseverar en el análisis, por los caminos de la investigación y la reflexión, como evidentemente lo está haciendo Gutiérrez en la brevedad volátil de su excelente nota periodística.

Yo soy de los que hago zapping cuando aparece Uribe. Tal vez motivado en el grafito que dice: “Ojos que no ven con razón que no sienten”.

Alpher Rojas Carvajal. Bogotá.

Secuestrados

En estos días hemos visto los testimonios de los secuestrados por las Farc y liberados en la ‘Operación Jaque’, que conmovieron a la opinión nacional e internacional. Los medios de comunicación son los únicos que pueden sugerir al Gobierno que los militares liberados hablen al mundo a través de charlas y conferencias apoyados por las misiones diplomáticas y embajadas de Colombia, para así enseñarle al mundo lo que realmente son las Farc y contrarrestar la nefasta propaganda de ese grupo terrorista que distorsiona la realidad del país, principalmente en Europa del norte y algunos países de Suramérica.

Alessio Mazzanti Thiault. Barranquilla.

Constitución

La Constitución de un país se entiende como un valladar propuesto por sabias intenciones de orden, profundamente equilibradas, con sentido patriótico y saturado de propósitos humanitarios; por demás todo ajustado a la equidad jurídica que no puede estar distante de la orientación interna que represente el sentir popular de la nación.

Así pues, no puede ser producto dúctil, plástico, maleable, sujeto a los caprichos originados en conveniencias particulares o tendencias de determinado grupo político con pretensiones carentes de serena ecuanimidad. Situaciones ocasionales, esto es, reñidas con el antes citado perfil, tales son aquellas que es oportuno recordar hoy por hoy los tantos perjuicios y calamidades que le trajeron a Colombia durante el siglo XIX: lleno de discordias y revoluciones.

¡Que la Carta Magna puede sufrir modificaciones! Desde luego, ella misma lo predice en su determinante texto, con rígidas formas dentro de su normatividad, ajena de por sí a circunstancias fortuitas e imponderadas, que a su vez aporten beneficios estructurales en su meollo permanente, con valor extendido a la cobertura deseada y, por supuesto, distantes del oportunismo antojadizo y egoísta, en contravención del ideal democrático de alternación en el mando del Estado.

Gonzalo Espinosa París. Bogotá.

 

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