Por: María Elvira Bonilla

El educador de Georgetown

LA NUEVA OCUPACIÓN QUE SE HA inventado el ex presidente Álvaro Uribe, es la de educador de juventudes.

Lo anunció en la progresista Universidad de los jesuitas, en Washington, donde fue recibido con cajas destempladas. Un educador es ante todo un sembrador de valores y no de antivalores, como los que impulsó Uribe durante sus ocho años de gobierno, cuando entronizó el todo vale para obtener resultados, como su principal norma de acción.

El todo vale, al momento de adjudicar multibillonarios contratos de obra pública, que llevaron al súbito enriquecimiento de ilustres promovidos o validos de régimen como los primos Nule, que consiguieron manejar una gran tajada de la construcción de la infraestructura, para lo cual tejieron una red de empresas, que antes de un mes de averiguación juiciosa de la Superintendencia de Sociedades del  nuevo gobierno, se derrumbó generándose una quiebra cercana a los $500.000 millones.

El todo vale orientó el trámite de la primera reelección presidencial, que hoy tiene a la reforma constitucional que requirió tambaleando, al haber sido, producto de prebendas y negociaciones clientelistas para asegurar unas mayorías espúreas, que tienen al ex ministro Sabas Petrelt ad portas de la cárcel. El todo vale se repitió para la recolección de firmas para la segunda reelección, con similares consecuencias penales para sus responsables.

Y qué decir del todo vale en el caso de los siniestros “falsos positivos”, que para logar resultados operacionales, miembros de la Fuerza Pública asesinaron a más de 2.000 jóvenes haciéndolos pasar por guerrilleros. Simultáneamente con la política de recompensas y delaciones que permitió que monstruos como alias Karina o alias Rojas, capaces de las peores felonías humanas, terminaran, al menos ella, premiada como flamante “gestora de paz”, protegida en la base militar de Carepa en Urabá.

Por cuenta del todo vale, en el DAS sucedió de todo: infiltración paramilitar que condujo al asesinato de líderes cívicos y sindicalistas, y la escandalosa y temeraria interceptación ilegal de teléfonos y de espionaje a la Corte Suprema para buscar descalificar las actuaciones de los magistrados e impedir las investigaciones contra el círculo presidencial.

Las lecciones sobre la aplicación práctica de esta manera de gobernar que camina por el filo de la navaja de los límites legales no serán bien recibidas en el ambiente anglosajón de Washington. Y más cuando se sepa de su estela de altos funcionarios investigados o detenidos: los ex asesores presidenciales José Obdulio Gaviria y Bernardo Moreno; los ex ministros  Pretelt, Palacios y Andrés Felipe Arias; los ex embajadores Salvador Arana y Luis Guillermo Giraldo; los ex directores del DAS, Noguera, María del Pilar Hurtado y Peñate; el ex director de la UIAF, Mauricio  Aranguren, el ex comandante del ejercito general Mario Montoya… como consecuencia de ésta.

¿Qué responderá Álvaro Uribe cuando le pidan explicaciones por el costo social y moral de su fórmula perversa para obtener resultados de gobierno? De los 20 alumnos inscritos muy seguramente sobrevivirán pocos. El primero en desertar del salón de clases, irritado y acusador, será muy probablemente el novel educador de Georgetown.

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