El “efecto Matilda”, una realidad sobre el trabajo de las mujeres

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A lo largo de la historia, las mujeres han tenido que luchar incansablemente por la igualdad de oportunidades y derechos en los ámbitos sociales, políticos y económicos. Esta lucha se ha extendido también a los escenarios académicos, científicos y de reconocimiento a su labor. Valga enfatizar que dichos espacios han estado fuerte y permanentemente marcados por un prejuicio que, de acuerdo con la profesora Margaret Rossiter, subestima de manera sistemática el trabajo realizado por las mujeres y sus contribuciones académicas. Este prejuicio, conocido también como “efecto Matilda”, está relacionado con el fenómeno por el cual el trabajo de las mujeres y sus aportes científicos se acreditan a los hombres o simplemente no son tomados en cuenta.

Cuando se revisa la historia de las ciencias de la naturaleza es posible evidenciar múltiples ocasiones en las que colegas o esposos se llevan todo el reconocimiento de contribuciones académicas emblemáticas en diferentes campos, que originalmente han sido realizadas por mujeres. Casos como el de la genetista Nettie Stevens, que descubrió en 1900 la naturaleza cromosómica de la determinación del sexo, teoría que fue rechazada por la comunidad científica cuando ella la propuso y aceptada solo cuando otro investigador, Edmund Wilson, divulgó un estudio similar casi al mismo tiempo; o el de Frieda Robscheit-Robbins, que a pesar de ser coautora de casi dos docenas de artículos con George Hoyt Whipple sobre la regeneración de la hemoglobina y su relación con las dietas, fue excluida del Premio Nobel en 1934, otorgado a Whipple quien lo compartió con otros dos médicos. Estos casos no son una simple coincidencia, sino que evidencian este efecto en la comunidad científica.

Existen variados ejemplos de mujeres a las que se les han negado, de manera injusta, importantes reconocimientos científicos, incluso el Premio Nobel. La química y cristalógrafa Rosalind Franklin dedicó su vida a la investigación de las imágenes de difracción de rayos X del ADN; sin embargo, sus resultados fueron divulgados por Jim Watson y Francis Crick, quienes olvidaron darle crédito en sus publicaciones. La comunidad científica no dio la misma importancia a las investigaciones realizadas por la química que a las desarrollados por Watson, Crick y Maurice Wilkins. Franklin murió en 1958 sin ningún tipo de reconocimiento por su crucial aporte en la determinación de la estructura del ADN. Hoy, más de medio siglo después, el vehículo que será enviado este año por la Agencia Espacial del Reino Unido para buscar vida en Marte, llevará el nombre de esta importante mujer debido a su papel integral en el descubrimiento de la estructura del ADN.

La física austriaca Lise Meitner, doblemente marginalizada por su condición de mujer y judía en el periodo nazi durante la Segunda Guerra Mundial, realizó estudios y sugerencias que conllevaron al descubrimiento de la fisión nuclear por Otto Hahn y Fritz Strassmann. Hahn, Meitner y Strassmann fueron los primeros en reconocer que el átomo de uranio se dividió cuando fue bombardeado por neutrones. Hahn recibió el Premio Nobel de Química en 1944, nuevamente los aportes de Meiner no fueron reconocidos.

Por otra parte, un claro ejemplo de la falta de oportunidades para las mujeres es representado por Elizabeth Blackwell (MD, 1821-1910), quien fue la primera mujer en graduarse de una escuela de medicina en los Estados Unidos en 1849 con el puntaje más alto de su clase, pero que no pudo ejercer debido a que la comunidad médica le prohibió practicar la medicina por su condición de mujer. Ella y su hermana, también médica, abrieron una clínica en los barrios pobres de la ciudad de Nueva York para mujeres y niños.

Como en el pasado y a pesar de los distintos movimientos de mujeres en favor de la igualdad y equidad, en nuestra sociedad aún se continúan presentando situaciones en las que las mujeres obtienen menos reconocimientos que los hombres, incluso realizando el mismo trabajo; inclusive aun en las postulaciones actuales de los premios Nobel no es frecuente encontrar el trabajo de mujeres, ni mujeres galardonadas.

Reflexionar sobre este aspecto de cara al mes internacional de la mujer, en mi calidad de rector y más aún de profesor, resulta de importante relevancia para contribuir con las transformaciones necesarias en todos los ámbitos que nuestra sociedad requiere para hacer realidad la justa lucha de la co-construcción y el logro de los mismos derechos y oportunidades para todas y todos, no solo por la utopía de la igualdad social, que de por sí justifica el reto, sino porque sería, definitivamente y desde diferentes ámbitos, un mundo mejor.

* Profesor, Universidad Pedagógica Nacional.

 

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