Por: Armando Montenegro

El efecto San José

DESPUÉS DE LA CRISIS, DE PRONTO, LA economía colombiana comenzó a gozar de una contagiosa euforia.

Los índices de confianza y optimismo empezaron a ascender; se anuncian multimillonarias inversiones; la bolsa no deja de subir; el dólar se revalúa; el nuevo gobierno pinta unas imparables locomotoras. Como suben los precios de los activos, los inversionistas gritan: ¡Hay que comprar!

Algunos sostienen que el PIB va a crecer al 6% o al 8% en forma ininterrumpida. El coro repite: ¡Hay que comprar!

Este sentimiento de vértigo se anima con las predicciones de que vienen extraordinarias inversiones en minería que podrían cambiar la faz de la economía colombiana. Como ya varios proyectos están en marcha y otros van a despegar, la bonanza parece cierta. ¡Hay que comprar!

Aunque hay bases ciertas para cierto optimismo, no se puede hacer a un lado la sensatez. Deben tenerse en cuenta, al menos, los siguientes elementos:

 (i) La situación internacional es delicada. Todos los días se escuchan nuevas razones para pensar que la economía mundial no se va a expandir en los próximos años. Una economía pequeña como la colombiana no puede crecer en forma dinámica, un 5% o más, en medio de un estancamiento planetario.

(ii) Hay dudas sobre la magnitud de la bonanza. El propio Ministro de Minas y no pocos analistas han invitado a revisar las cifras más alegres y enfocarse en escenarios realistas.

 (iii) La economía colombiana es minera desde hace varios años. Los efectos positivos y negativos de esta transformación ya se perciben en todo el aparato productivo.

 (iv) Hay sectores claves que están en un estado deplorable. El caso más serio es el de la agricultura, que presentó uno de los más pobres desempeños de su historia en los últimos ocho años. Algo parecido sucede en segmentos de la industria. Con estas debilidades, es difícil que la economía pueda crecer a tasas frenéticas.

 (v) Hay una sobrevaloración de los precios de las acciones, que han llegado a niveles superiores al valor económico de las empresas. Aunque se trata de empresas sanas y viables, los niveles de la bolsa no reflejan la realidad de sus negocios.

 (vi) Aun si el Gobierno realiza un gran esfuerzo para aumentar la competitividad y romper los cuellos de botella de la economía —en materia de infraestructura de transporte, por ejemplo—, es muy difícil alcanzar resultados antes de tres o cuatro años.

 (vii) Las buenas cifras de crecimiento que se ven este año están magnificadas porque se comparan con las del año anterior (es un rebote estadístico). Va a ser difícil repetir estos resultados en el futuro.

Lo peor es que se puede pensar que es mejor no hacer nada porque la bonanza lo arreglará todo. Se repite que una minirreforma laboral es suficiente porque en materia de empleo todo lo va a hacer el crecimiento. Se añade que sobran los ajustes fiscales porque la bonanza también traerá más recaudos. Esto ya lo oímos antes. Hace años, se sostenía que sobraban las reformas pensionales porque se avecinaban grandes descubrimientos petroleros. En los ochenta, un ministro decía que el ajuste fiscal era innecesario porque se iba a sacar el tesoro del galeón San José del fondo del océano.

Un golpe de suerte no nos alejará de la pobreza. Para hacerlo no hay más remedio que trabajar con empeño y seriedad. El espejismo dura tanto como una burbuja brillante y fugaz.

 

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