Por: Luis Carvajal Basto

El efecto Trump

Luego de sus tweets, que le colocaron al nivel del dictador de Corea del Norte, los mercados cayeron. Los mensajes buscaban ejercer  liderazgo, recuperar su alicaída imagen en la opinión y la perdida de gobernabilidad en el congreso de su propio país. Pero en una semana valorizó las acciones de Kim Jong-un y de Maduro a quienes dio “razones” para “defender” sus naciones. En los tres países funciona, lamentablemente, el recurso del “enemigo externo”.

Luego de la euforia desatada entre inversionistas y accionistas, por sus promesas de reducción de impuestos y desregulación, la semana pasada los mercados se resintieron seriamente ante las declaraciones del presidente en un lenguaje tan destemplado como el del juvenil heredero y dictador: el índice Dow desde 22.172 hasta 21.858; Ibex desde 10.688 hasta 10.283 y Standard And Poor’s desde 2.477 hasta 2.440. No se conocen muchas reacciones luego de sus declaraciones del viernes según las cuales “no se descarta una opción militar para Venezuela” que, en buena hora, Colombia no acompañó.

La declaración de Trump puede verse como una de sus salidas de tono pero, a pesar del natural rechazo explícito de Colombia y otros gobiernos democráticos, cumple la función de notificar a Maduro de lo que, tácitamente, se sabía: Estados Unidos, por sus intereses estratégicos o lo que sea, funciona como un “seguro” para Colombia en caso de una indeseable pero no improbable agresión desesperada del régimen venezolano.

Aunque los efectos económicos no sean los peores en una eventual confrontación, Trump no hace nada distinto que reafirmar sus promesas de campaña. Finalizando semana, reculó al precisar que si Corea del Norte ataca primero respondería rápidamente, queriendo significar que a pesar de las bravuconadas él no iniciaría una guerra, como una manera de tranquilizar los mercados, pero al mismo tiempo amenazó al régimen venezolano.

China utiliza a la dictadura norcoreana para presionar a Estados Unidos y conseguir el retiro de sus tropas y armamentos de la península coreana, pero también, ahora, para bajar el volumen del discurso proteccionista de Trump, quien se ha visto forzado a “pedir el favor” a Beijing de interceder y neutralizar a Kim Jong – Un.

Parece irreal pero, aparte de los mercados, nadie pareciera interesarse del muy difícil momento que vivimos. Luego de la declaración de Naciones Unidas, ante el exagerado tono, tenemos silencio en el foro aunque  una guerra nuclear sea el fin de la Humanidad, como lo ilustró en su momento García Márquez en un relato estremecedor. (Ver)

Los efectos políticos de las declaraciones del presidente Trump pueden ser rentables para él en lo interno, en un momento en que atraviesa dificultades con los líderes de su propio partido que no le ha aprobado su prometida reforma al sistema de salud. La historia del “enemigo externo” puede funcionar, solo  hasta antes de convertirse en una guerra. El mismo efecto tiene, sin embargo, en las dictaduras que pretende controvertir.

Para Estados Unidos y el mundo la dictadura de Corea del Norte es una pesadilla. En términos prácticos, el inicio de una solución pasa por un mínimo consenso con China pero eso no va a ocurrir de la noche a la mañana. Mientras tanto el mundo entero, pero antes Corea del Sur y Japón, está expuesto  a la locura del nuclearizado, loco y despiadado dictador, capaz de asesinar a sus mismos hermanos y a su tío, o a un ataque nuclear “preventivo” de Estados Unidos.

La de Corea del Norte, una dictadura familiar que ha contado con el apoyo de China, es diferente a la que se ha instaurado en Venezuela, pero en los dos países no es difícil convertir el “Antiamericanismo” en propósito nacional, a falta de buenos gobiernos, buena economía y elecciones libres. Es, por lo pronto, el efecto Trump esta semana. ¿Qué sobrevendrá?

@herejesyluis

Buscar columnista

Últimas Columnas de Luis Carvajal Basto