Por: Juan Carlos Botero

El ejemplo de Crew Peligrosos

CUANDO SUENAN LOS TIROS, UNOS se ocultan. Otros gritan. Pero hay otros que bailan. Y no por indiferencia, sino en reacción, justamente, a las balas. Y si las autoridades desean eliminar la violencia en Medellín, deben mirar con lupa el ejemplo de Crew Peligrosos.

Lo sabemos bien: las comunas en Medellín están, de nuevo, en llamas. La violencia está desbocada, y las autoridades, aterradas. Las bandas se han fortalecido, y la división territorial, a punta de tiros, afecta a todos. Se compran armas por nada; incluso se alquilan para realizar homicidios por encargo. Los menores de edad son reclutados a la fuerza en bandas enemigas, y el Gobernador de Antioquia pide decretar la conmoción interior para combatir la violencia. “Con lo mismo no vamos a acabar con el aumento de homicidios en Medellín”, señala.

 Tiene razón. Con lo mismo no se acabará el conflicto. Hay que buscar otras soluciones, y no todas represivas o legales, sino más perdurables y creativas. Por eso hay que mirar lo que ha logrado el grupo de hip hop, Crew Peligrosos.

 Hip Hop nació en 1973, en el Bronx de Nueva York. Kevin Donovan, líder de la banda criminal, Black Spades, una de las más temidas de la ciudad, quedó sorprendido al ver jóvenes de pandillas rivales cantando en el parque, en vez de peleando, y bailando al son de la música de Clive Campbell, conocido como DJ Kool Herc. En noviembre de ese año, Donovan acuñó el término, Hip Hop, basado en la nueva meta de su vida: fomentar la paz en las barriadas de Nueva York.

 La historia, parece, se repite. Eso mismo ha hecho Henry Arteaga, creador de Crew Peligrosos. En el barrio Aranjuez de Medellín, parte de la Comuna 4, este joven ha forjado comunidad mediante la música y el baile. Arteaga, cuyo nombre de artista es El JKE, creció en la V, una de las cuadras más peligrosas de Medellín en los años noventa, cuando la única forma de sobrevivir, irónicamente, era la violencia. Henry no aceptó esa opción. En cambio armó su pandilla de 17 jóvenes que hacen música, arte graffiti y baile breakdance. Su disciplina es ejemplar. En la jerga del lugar son gente seria, de palabra. Y la cumplen a diario. Tienen una escuela en donde enseñan hip hop gratis a más de 200 sardinos de las comunas, y hacen lo mismo en otras escuelas del barrio. Han creado tejido social. Comunidad. Su barrio es su proyecto de vida. No sólo buscan entretener sino cambiar la mentalidad de los jóvenes del sector. Que tengan una suerte distinta, un futuro a través del arte, la música y el baile.

 ¿Y su nombre, Crew Peligrosos? ¿Acaso son un peligro? No. Como lo muestra el documental del director Alejandro Niño, representan una solución. Una respuesta. Nacen de la violencia, pero su reacción no es violenta. Es creativa. Transformadora. En los noventa Arteaga creyó que la violencia era la única salida a la pobreza, a la falta de oportunidades, a la desesperanza. De haber aceptado ese destino, hoy sería un montículo de tierra en un cementerio anónimo. En cambio, hoy él es un líder y un ejemplo, alguien que señala una alternativa a la violencia. Ayudar a su gente es su meta, y la música corre en sus venas. Su respuesta a la muerte es afirmar el sentido de la vida, y lo hace con los intensos latidos del Hip Hop.

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