Por: Julio César Londoño

¡¿El Ejército ataca a sus hombres?!

“Operación silencio”, el artículo de la última Semana, confirma que los temores de The New York Times, El País de España, Daniel Coronell y la Comunidad Europea eran fundados: estamos a las puertas de revivir la pesadilla de los falsos positivos por parte de un sector del Ejército. Y lo más absurdo: ahora los militares rectos tienen que cuidarse de sus compañeros y superiores.

El artículo revela cosas graves: 14 oficiales de alto rango de todo el país fueron reunidos en la sede de la Segunda División de Bucaramanga el 22 de mayo (cuatro días después del explosivo informe de primera plana del NYT) y fueron sometidos al polígrafo para tratar de descubrir quiénes fueron los informantes del periódico neoyorquino. Todos han sufrido amenazas luego. A uno de los oficiales le mandaron fotos de sus hijos entrando al colegio. A otros, sufragios. Otro fue seguido por dos hombres de “grupos especiales de contrainteligencia”.

Recapitulo: en enero, el Ejército les ordenó a sus hombres duplicar los resultados sin ocuparse mucho de la “perfección” de las operaciones. Luego, cuando el NYT destapó el engendro, el Gobierno y voceros del Centro Democrático y de las FF.AA. negaron la existencia de la irresponsable directriz y descalificaron al diario y al reportero, y el Ejército inició operaciones de hostigamiento contra los oficiales sospechosos de rectitud. O de “neoyorkismo”. Es decir, el problema no estribaba en que el comandante del Ejército expidiera una directriz nacional torpe (no quiero decir criminal) sino en que el torvo asunto trascendiera.

¿No resultaba más sensato que las FF.AA. ordenaran una investigación interna y publicaran los resultados? ¿Hasta cuándo tendrán que obedecer nuestros soldados órdenes atroces, o recurrir a denuncias anónimas? ¿Era necesario perseguir a los oficiales éticos y poner otro sol en las charreteras del general Nicacio Martínez?

Las denuncias de Semana son sólidas. Están apoyadas en una investigación de cuatro meses que contiene fotos, audios, declaraciones de 20 militares, varios abogados que representan ante la JEP a militares retirados e incluso una magistrada de este tribunal, Catalina Díaz.

Semana corrigió su error. Desengavetó la investigación y renganchó a Daniel Coronell. El artículo es prudente: “Las irregularidades no son un problema institucional del Ejército”, reza la conclusión. “Son producto de grupos con poder y mando, mal enfocados y que pueden hacerle mucho daño al Ejército”.

Quisiera pensar lo mismo, pero temo que no se trata de “grupos” aislados ¿No fue nacional la directriz? ¿No es Nicacio Martínez el comandante del Ejército? ¿No acaba de ser exaltado? ¿No lanzan con frecuencia declaraciones incendiarias el mindefensa y otras voces del Centro Democrático? ¿No es partidaria de las soluciones de fuerza y los juicios sumarios una buena parte de la opinión pública? ¿Cuántos líderes sociales son asesinados cada semana?

No hay nada más infame que un Ejército atentando contra la población civil. Con un agravante insólito: ahora el Ejército persigue a los oficiales suyos que hicieron lo correcto y lanzaron la voz de alarma que puede conjurar un nuevo genocidio estatal.

En semejante coyuntura, se impone un liderazgo fuerte y humano. Por desgracia, Duque no dio la talla. El Gobierno torpedea el posconflicto y el principal líder del país es un pirómano irredento. Urge que los gremios, la oposición, la academia y la prensa independiente conjuren esta insania. Es hora de que oigamos a Paul Valéry: “Un edificio social es más sólido cuando necesita menos fuerza para sostenerse”.

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2019-06-29T00:00:56-05:00

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