Por: Hernán González Rodríguez

El elevado desempleo

El tema laboral figura a la fecha dentro de los que más preocupan a los editorialistas y comentaristas económicos. No así, para algunos de nuestros superficiales candidatos a la presidencia.

Las razones para esta inquietud son numerosas.  Colombia supera ampliamente con su elevado 14 por ciento de desempleo el promedio del 8.5 por ciento de Latinoamérica y ya marchamos hacia un inquietante 17 por ciento.  Más probable aún, con los crecimientos proyectados para la producción bruta de los próximos años, cercanos al 4 por ciento por año.

Algunas soluciones no han sido efectivas. No podemos desconocer que gracias a la Seguridad Democrática del presidente Uribe sí se evitó el deterioro acelerado de la confianza de los colombianos y de los inversionistas en el futuro. Pero la exagerada deducción de impuestos otorgada por este Gobierno para la compra de activos productivos, el diluvio de zonas francas no propiamente para exportar sino para rebajar impuestos, los contratos de estabilidad jurídica ilimitada, así como otras numerosas y caprichosas exenciones tributarias, bien poco parecen haber contribuido a mejorar el mercado laboral colombiano. El costo fiscal de las exenciones aludidas se avecina a los 8 millones de millones de pesos. Creo que existen mejores opciones.

Las soluciones para lo anterior las han esbozado destacados economistas y ex ministros. Casi todos ellos recomiendan reducir los parafiscales o aplicar un descuento tributario con base en los parafiscales relacionados con la creación de puestos de trabajo formales. Los parafiscales son los aportes al Icbf, al Sena y a las cajas de compensación.

Entiendo que algunos de ellos proponen algo más, llegar a deducir el 120 por ciento de los impuestos con base en los incrementos de la nómina salarial atada a los nuevos empleos.

El anuncio reciente del Banco de la República consistente en comprar 20 millones de dólares diarios es un paso acertado, pero tardío e insuficiente. Quizá se justificarían otras medidas, por ejemplo, no exigir el reintegro total de los dólares de las exportaciones, reducir las monetizaciones de los dólares del Emisor y de Minhacienda…

No conozco explicación convincente para que nuestro peso figure aún como una de las monedas más fuertes del planeta, salvo la vocación de astrónomos de nuestras autoridades monetarias, las cuales se han dedicado hasta ahora a observar la tasa de cambio sin actuar como les corresponde. Sí, actúan a la manera de los astrónomos quienes se dedican a observar el cielo sin intervenir en los movimientos estelares.

México ha emprendido la compra de dólares sin timideces, so pretexto de aumentar sus reservas internacionales para amortiguar los efectos de las catástrofes económicas y naturales del futuro. Porque para elevar las exportaciones, para recuperar el empleo de Colombia, para abrir nuevos mercados y sustituir a Venezuela, apremia contar con una tasa de cambio por sobre los 2.300 pesos por dólar. De continuar con la tasas de cambio inferiores a los 1.900 muy pronto terminaremos todos en la quiebra.

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