Por: Indalecio Dangond B.

El empuje palmero

Por la relación que guarda mi profesión con los gremios agroindustriales y financieros del país, esta semana tuve la oportunidad de asistir a los congresos de Fedepalma y Asobancaria, dos grandes sectores fundamentales para el desarrollo económico y social del país.

Los congresos gremiales se han convertido en el mejor escenario para evaluar el comportamiento de la economía nacional y debatir las políticas que deben implementarse a corto y mediano plazo para lograr mayor crecimiento y productividad, tanto de ellos como del país.

En el sector de la agroindustria de la palma colombiana, por ejemplo, a pesar de estar pasando por una coyuntura de precios de mercado y cambio climático no favorables, tienen una gran fortaleza institucional que les ha permitido salir siempre adelante frente a los embates de estos factores externos que golpean por ratos los ingresos de los productores y la rentabilidad del sector.

A buena hora, Fedepalma creó varios instrumentos sólidos para amortiguar en gran medida estas amenazas y riesgos a que están sometidos todos los sectores de agroindustria nacional. El Fondo de Estabilización de Precios, el Fondo Parafiscal Palmero, el Centro de Investigación Palmera (Cenipalma), la Comercializadora de Aceite de Palma (C. I. Acepalma) y los Núcleos Industriales Palmeros (NIP) son sus mejores mecanismos de cobertura de riesgos ante estas situaciones adversas. Sólo les falta crear su propia red logística de transporte, su comercializadora de insumos agrícolas y su cooperativa de financiación para salir a conquistar nuevos mercados del mundo de manera competitiva y con valor agregado.

Y tienen cómo hacerlo. Un sector que genera más de 177.000 empleos formales en 540.000 hectáreas sembradas en 126 municipios del país, con una producción anual de 1,6 millones de toneladas de aceite, con una inversión de $3,3 billones al año, puede y debe cerrar el círculo de la economía de escala para eliminar los factores que les restan productividad y rentabilidad a sus negocios de producción, transformación y comercialización de sus productos de uso doméstico, bioenergía y biodiésel, alimentos para animales y cuidados de salud.

Las cifras mostradas en el congreso palmero hablan de oportunidades de negocios por un monto superior a los 611 millones de dólares anuales. Según las proyecciones de mercado para el año 2030, la población mundial, estimada en 8.600 millones de habitantes, demandará alrededor de 54,5 millones de toneladas de aceites vegetales.

La gran ventaja que tienen nuestros palmicultores frente al resto de productores del mundo es que contamos con 23 millones de hectáreas aptas para sembrar palma sin deforestar un solo árbol, y mientras los productores de aceites de soya y colza rinden 0,3 y 0,7 toneladas por hectárea respectivamente, los de palma producen 3,7 toneladas. Y otra adicional. Con el incremento de la mezcla al 12% del biodiésel de palma autorizado por el Ministerio de Minas, los expertos calculan una reducción de 1,6 millones de toneladas de CO2 al año, equivalente a sembrar 250.000 hectáreas de bosques. Cifras interesantes para los abraza-árboles que han emprendido una campaña de desprestigio en Europa contra la palma de aceite de Colombia.

Gracias al respaldo del gobierno Duque, este sector está para grandes cosas.

* Experto en financiamiento agroindustrial.

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