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hace 3 horas
Por: Patricia Lara Salive

El encanto de lo simple

GARCÍA MÁRQUEZ DICE EN ALGÚN libro que la vida más larga apenas alcanza para darse cuenta, al final, de cómo hay que vivir.

Pues esa regla infalible tiene una excepción: la de Nicanor Restrepo, quien tuvo la sabiduría y el valor de jubilarse y dejar su cargo de presidente de Suramericana y del poderoso Sindicato Antioqueño, en el cual se codeaba con Julio Mario Santodomingo, Luis Carlos Sarmiento y Carlos Ardila, y viajaba en aviones privados, y visitaba los mejores restaurantes, para mudarse con su esposa como estudiante a París.

Pero Nicanor es un estudiante de verdad. Desde noviembre de 2003, él, quien quería especializarse en literatura, acabó matriculándose en l’École des Hautes Études des Sciences Sociales de París, porque su director de Estudios, Daniel Pecaut, le tendió una trampa para no dejarlo escapar ya que, según le confesó después, “para los profesores es un tesoro tener a un tipo como tú que quiera someterse a trabajar con nosotros”. Entonces, a pesar de que aún presidía las juntas de las empresas antioqueñas y debía viajar cada quince días a Colombia por cuatro meses más, Nicanor emprendió un esfuerzo infinito para cumplir con los requerimientos de la maestría en sociología política, asistir a sus siete cursos presenciales, presentar trabajos y pasar exámenes. Así se pagaba a sí mismo la deuda que tenía con su sueño fallido de juventud: estudiar en París. Pero también se probaba que era capaz de realizar la hazaña. Fue así como año y medio después presentó su tesis sobre el proceso de paz en el gobierno de Pastrana y el papel que en él jugó el sector privado, e inició un doctorado que acaba de culminar con todos los honores posibles, en el cual presentó una tesis sobre la influencia de las élites patronales antioqueñas en las políticas públicas entre los años 40 y 90. Y ahora, a sus 68 años, continuará con su visa de estudiante e iniciará un posdoctorado en el que estudiará las relaciones entre patrones y trabajadores durante el mismo período, todo lo cual, además, le servirá de disculpa para bajarle el ritmo a sus doce horas diarias de estudio y disfrutar de la ciudad.

Pero, también, le servirá para seguir gozando de lo que tal vez más le gusta: esa vida sencilla, en su apartamento de cincuenta metros, donde sólo caben un cuarto, un estudio, una salita y una cocina; donde reinan el buen gusto y el orden mantenido sólo por la pareja porque se han negado a contratar empleada; donde nada falta pero nada sobra; donde Nicanor cocina, aspira, lava la ropa y la lleva a secar, y Clara, su mujer, socióloga también, asiste a cursos libres y plancha porque esa labor, por principio, él no la cumple.

Y es así como a pesar de que aún es miembro de las juntas directivas de Carvajal, Smurfit Kappa (matriz de Cartón Colombia) y representa a los franceses en las de Sofasa y el Éxito, Nicanor vive ahora de morral al hombro, encantado de disponer de tiempo para pensar y para leer, y de no tener un celular que repique cada segundo, ni una casa de cuatrocientos metros con tres empleadas, ni veinte pares de zapatos que no cabrían en el clóset sino dos, ni carros a su disposición porque en París, donde el transporte público funciona, el carro es un encarte, ni aduladores de oficio, ni una vida de mentiras porque se reconcilió con la vida de verdad: esa vida simple que a sus pobres amigos ricos les parece un espanto.

 

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