Por: Salomón Kalmanovitz

El endeudamiento público

LA DEUDA DEL GOBIERNO CENTRAl aumentó en $40 billones (8% del PIB) entre 2007 y 2009, según cifras del Banco de la República.

El financiamiento público, que se había hecho en pesos, en su mayoría, asumiendo menos riesgos para Colombia, comenzó a apoyarse cada vez más en dólares: entre los mismos años aumentó en US$5.000 millones, los que fueron monetizados. Se crearon así presiones revaluacionistas adicionales contra el peso y se incrementó el riesgo cambiario del país. Esa fue una razón para no recibir el anhelado grado de inversión por parte de las calificadoras de riesgo, que sí recibió, en cambio, la República de Panamá.

A la par que el Gobierno devolvía impuestos de manera excesiva e innecesaria a los más ricos, también se devoró el ahorro que mantenía Ecopetrol en el FAEP. Este es un fondo de estabilización que, se suponía, aumentaba en bonanzas y se consumía cuando los precios del petróleo bajaran. El saldo de Ecopetrol en 2007 fue de US$1,976.5 millones para reducirse a US$189.0 millones en octubre de 2009. Esos casi 1.800 millones de dólares también se monetizaron, con las mismas consecuencias negativas para los exportadores colombianos.

Es cierto, como lo afirma Alberto Carrasquilla, que el país salió de una situación de crisis financiera y de seguridad desde 2003, pues mejoraron todos los índices económicos: los activos, tanto privados como públicos, se valorizaron, mientras que el peso se revaluó a la par del crecimiento del comercio exterior y de las inversiones extranjeras. Lo que él afirma es que el país sí ahorró en la bonanza, porque disminuyó el peso de la deuda pública en el PIB, algo que está exagerado por la combinación de la fuerte revaluación del peso (de 2.900 pesos en 2002 a 1.950 en la actualidad) y de la recuperación del crecimiento económico.

Un país que ahorra muestra dos tendencias macroeconómicas fundamentales: obtiene un superávit fiscal y un sobrante en su balanza en cuenta corriente (comercio externo y servicios). Hasta 2007 Colombia reduce su déficit fiscal, pero no lo baja de 3% del PIB, y aumenta su déficit con el resto del mundo (6% del PIB en 2008 y 2009 que es muy preocupante). Ello informa que el país consume en exceso y que utiliza ahorro externo para compensar el desahorro nacional, dentro de lo cual el Gobierno es el sospechoso de siempre.

A partir de 2007, que es cuando Carrasquilla renuncia al ministerio, el déficit fiscal arrecia, para alcanzar el 4,5% del PIB en el año 2010. Lo que dice es entonces parcialmente cierto, pero ni él ni su sucesor hicieron el ajuste del déficit estructural, lo cual hubiera resultado indoloro para los contribuyentes. De haberlo hecho, hubieran colocado al país en un alto umbral de equilibrio macroeconómico, con grado de inversión y acceso más barato al mercado internacional de capital, y hubieran atraído más capital extranjero.

En montos absolutos, la deuda pública continuó creciendo, y se aceleró en los últimos 3 años; lo que terminaron haciendo fue, ¡oh no!: ¡sustituir impuestos por deuda! Es así como el déficit estructural se perfila como un creciente dolor de cabeza para los gobiernos que sigan. Por eso, es irresponsable la promesa del candidato Santos de que reduciría los impuestos, continuando en la senda que conduce al precipicio de debilitar las finanzas públicas. Ello pondría en riesgo hasta la seguridad democrática que el país debe financiar firmemente hacia el futuro.

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Salomón Kalmanovitz

El ocaso del liberalismo

Otra vez el glifosato

Rentas de los biocombustibles

Carrasquilla en el país de las maravillas

El debate a la economía