Por: Cecilia Orozco Tascón

El enorme contraste: Carlos Gaviria-Jorge Pretelt

PEORES TIEMPOS QUE LOS QUE VIVImos le esperan a Colombia: fallece Carlos Gaviria —presidente de la portentosa Corte Constitucional de los 90—, cuando él todavía se encontraba en la plenitud de sus facultades intelectuales extraordinarias y, en cambio, permanece en ese mismo tribunal, como mula atravesada en el camino, el siniestro Jorge Pretelt, en mala hora elegido sucesor de aquel a quien no podría haber mirado nunca a los ojos.

Se va el hombre decente, admirado, de principios verticales; queda esa sombra funesta tratando de destruir, para difuminar su vergonzoso pasado, a la corporación que ha sido nuestro orgullo.

Según noticia de El Tiempo dominical, Pretelt, fiel a su táctica de enlodar a los demás en lugar de desvirtuar las denuncias en su contra, se esfuerza en esculcar la vida de su compañera, la magistrada Gloria Stella Ortiz, para encontrar argumentos con qué atacarla porque, de esa manera, haría carambola y dañaría al fiscal Montealegre, de quien Ortiz fue subalterna. Esta togada contribuyó, hace apenas unas semanas, a escoger a Pretelt como presidente de la Corte. Se imagina uno que, entonces, el candidato estaba dedicado a conquistarla. Hay que recordar que él fue elegido con escasos 5 votos contra 4, así que uno solo de estos era sustancial. Ahora, va tras ella. Pero siendo él quien es, ¡cómo nos va a extrañar esa práctica rastrera! No está publicado. Sin embargo, se sabe que el de Ortiz no es el único caso en que está empeñado Pretelt: ha manifestado la intención, de acuerdo con los cuentos de quienes hablan con él, de revelar detalles de la vida íntima de otros magistrados, ante algunos reporteros ávidos de que les suelten un pedazo de carne. Ese es el nivel del que se atreve a pisar los salones de la Corte, como si se estuviera jugando un concurso de barrio bajo y no el destino del más alto tribunal del Estado colombiano.

Disculpen ustedes, da asco y pena mencionar esas conductas. No lo haría si no fuera porque considero que es necesario advertir lo que se pretende en el círculo del personaje que se mueve, funciona y reacciona con los parámetros mafiosos que adoptó y se adoptaron en la cultura nacional, hoy imitadora del mundo de la riqueza fácil, la ostentación, la exhibición de vehículos blindados, de hombres armados, de medidas de fuerza contra las de la razón.

¡Qué lejos estaba Carlos Gaviria de la fea realidad que nos dejaron los carteles! ¡Cuán distante su vida sobria, sin lujos ni estruendosos esquemas de seguridad; sin haciendas interminables en Córdoba, sin el fausto de las reuniones sociales, los caballos de paso ni el ganado campeón de raza Cebú en los festivales nacionales! Tuve la suerte de conocerlo, de entrevistarlo varias veces, aun recientemente, sobre la crisis de la Corte y las denuncias contra el individuo que he mencionado arriba; pude, gracias a mi oficio, cruzar ideas y compartir críticas con él, en torno a los sucesos judiciales y políticos del país. Fui, en aquellos momentos periodísticos, testigo de su inteligencia y también de la moderación de sus conceptos, contrario a la fama de sectario y recalcitrante que le endilgaban sus contradictores hace años, cuando querían doblegarlo, sin lograrlo, a los requerimientos de un establecimiento que soporta el disenso por un tiempo, no constante. También tuve la fortuna, y lo digo con humildad e infinito agradecimiento, de que me ofreciera, con generosidad, sus servicios gratuitos de abogado “aunque no soy penalista”, cuando el actual presidente de la Corte Suprema amenazó con denunciarme penalmente por haber expresado mi opinión sobre los pecados de los magistrados, los mismos que quedaron al descubierto con el escándalo que envuelve al que funge como presidente de la Constitucional. Colombia se salvaría si nacieran más carlosgavirias. Y desterráramos a los pretelt.

 

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